Archivo para la categoría "Notas en la prensa"

John Cazale, el inolvidable perdedor de Hollywood cuyo nombre nadie conoce   Leave a comment

john-cazale-derecha-le-dio___Fl2pQTJPl_1256x620__1

Al Pacino lo definió así: “Me enseñó más que nadie en este oficio”. Hace unos años salieron a mostrar su foto por Nueva York y a preguntar si sabían su nombre. Nadie lo sabía. Uno contestó: ‘¿No es Fredo Corleone, el hijo traidor en El Padrino?’. A John Cazale le bastaron cinco películas –que obtuvieron entre todas 40 nominaciones– para ser el inolvidable antihéroe de Hollywood. Un día vomitó sangre. Lo mató un cáncer a los 42.

Nació en Revere, Massachusetts, 1935. Su madre era ama de casa. Su padre, vendedor de carbón. Estudió teatro en Boston y se mudó a Nueva York para ser actor. Tuvo que trabajar de mensajero, fotógrafo, taxista, de lo que sea. Se formó en teatro. Rompió el prototipo James Dean o Paul Newman. Hizo del papel secundario un acto deslumbrante.

La escena dura cuatro minutos y está en el cielo del cine. Michael Corleone (Al Pacino) está ante Fredo (John Cazale), su hermano mayor, tras saberse que éste lo traicionó. John, en ese diálogo, desgarra el personaje. Es toda vulnerabilidad. Está dañado. Te rompe el corazón. Como se ha escrito: Fredo es el frágil en medio de los machos alfa de la ‘famiglia’ Corleone. La traición ya no importa: para el espectador él pasa a ser íntimo, frágil, abrazable.

Se enamoraron con Meryl Streep, quien lo acompañó hasta el telón definitivo. Además de El Padrino I y II, rodó en La conversación, (1974); Tarde de Perros (1975), El cazador (1978). Su vida está trazada en el documental Descubriendo a John Cazale (Richard Shepard, 2009). Quedan esos potentes ojos hundidos. Nunca le dieron un Oscar.

Les comparto mi columna de este domingo en Clarín.

Anuncios

Publicado agosto 5, 2019 por danielmecca en Arte En 200 Palabras, Notas en la prensa

Cuando Louis Armstrong tuvo que usar una máscara de béisbol en Buenos Aires   Leave a comment

Screenshot_37

Louis Armstrong visitó Buenos Aires cuando era una leyenda. Aterrizó en Ezeiza, en un avión de Aerolíneas Argentinas, en octubre de 1957. Apenas la nave tocó suelo, un aluvión de fanáticos invadió la pista y se fue alrededor del avión. Los bomberos empezaron a tirar agua. Satchmo no podía bajar de las escalinatas de la aeronave. Delirio.

“Armstrong intentó salir una, dos, tres veces y la gente se le tiraba encima. No lo dejaban. Estaba vestido con un impecable traje azul, camisa blanca, corbata al tono. ¡Tenía una pinta! Lo que pasaba era que el ‘grone’ tenía miedo de que la gente se le acercara y le tocara la boca porque tenía un callo a medio cerrar de tanto apretar. Así que bajó con una careta de béisbol”, llegó a decir el guitarrista de jazz Chachi Zaragoza.

El testimonio está narrado en el libro Grandes del jazz internacional en Argentina (1956-1979), de Claudio Parisi (“Gourmet Musical”, 2019). Allí se detalla que la noche del debut de Armstrong en el Cine Teatro Ópera (tuvo conciertos desde el 30 de octubre al 13 de noviembre) se desbordó el hall de gente. Armstrong apareció en limusina con la máscara de béisbol, para proteger su boca en medio del tumulto que cortaba la calle Corrientes.

Quién se iba a perder al trompetista que cambió la música desde los bajos fondos de Nueva Orleans.

Columna publicada en Clarín el 28 de octubre de 2019.

Publicado julio 31, 2019 por danielmecca en Arte En 200 Palabras, Notas en la prensa

La historia de los libros prohibidos que llegaron a América en forma clandestina   Leave a comment

pese-a-la-censura-se___M5oyX__y2_1200x0__1.jpg

Desde 1501 empezaron los envíos de libros a América. Eran “misales romanos, breviarios, devocionarios y obras de índole religiosa”. La autorización más remota data de 1534 a religiosos franciscanos. Todo esto lo precisa Domingo Buonocore en su libro Libreros, editores e impresores de Buenos Aires, editado en 1944.

El autor señala que desde 1531 se suceden leyes prohibitivas contra “libros de romance o imaginación”, por temer que los originarios “se entregaran a la lectura perniciosa de los profanos y abandonaran, en cambio, los catecismos”. El tribunal de Inquisición de Sevilla tenía a su cargo la requisa de estos libros.

Pese a la censura se introdujeron en forma clandestina libros que fueron hallados, más tarde, en bibliotecas privadas: el Quijote, el Amadis de Gaula; Deleitar aprovechando de Tirso de Molina; los proverbios de Seneca, La vida del Buscón, de Quevedo, las Coplas de Jorge Manrique; las obras de Góngora, el Conde Lucanor. Una de esas bibliotecas era del arquitecto Melchor Pérez de Soto, muerto en la cárcel de la inquisición en 1655.

Las bibliotecas más importantes estaban en conventos y monasterios. Una de las más notables fue la del obispo Manuel Azamor y Ramírez, donde se encontraron, entre los libros prohibidos, una edición en francés del Paraíso perdido de Milton, El Contrato Social de Rousseau, la Historia de la América de Robertson y el Diccionario Histórico de Bayle.

Como se señala en Fahrenheit 451, de Ray Bradbury: “¿Se da cuenta, ahora, de por qué los libros son odiados y temidos? Muestran los poros del rostro de la vida”.

Columna publicada en Clarín el 21/7/19

 

Publicado julio 21, 2019 por danielmecca en Arte En 200 Palabras, Notas en la prensa

Libros imaginarios, escritores apócrifos, ficciones reales: las pistas ocultas en Jorge Luis Borges   Leave a comment

borges-en-su-obra-trabaja___JzuyfciK0_1256x620__1

El 29 de julio de 1953, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares prologan su antología Cuentos breves y extraordinarios. En el texto ‘Der Traum Ein Leben’ se cita un fragmento del libro Memorias de un bibliotecario (1955), de Francisco Acevedo, que habla de un diálogo entre este autor y su sobrino donde el pequeño le cuenta que lo vio en un sueño y le pregunta, ya en la vigilia, qué estaba haciendo ahí.

Se trata de un autor y un libro ficticios. Francisco Acevedo es el propio Borges: el escritor usa su segundo nombre y el apellido materno para ocultar la pista. Como verificación: en 1973, en una entrevista con María Esther Vázquez, Borges narra la misma anécdota, pero dice que es su sobrino. Está en el libro Borges, sus días y tiempo (Tajamar editores, 2009).

En “El acercamiento de Almotásim” (de Historia de la Eternidad, 1936) Borges desarrolla la historia de la novela The approach to Al-Mu’tasim de Mir Bahadur Alí. Bahadur es, otra vez, un personaje ficticio. La clave está en el contexto: Borges introduce esta ficción en un libro de ensayos sobre textos reales. Hace así la reseña verdadera de un libro imaginario, un procedimiento que será la materia de su obra.

En “Examen de la obra de Herbert Quain” (Ficciones, 1944) hace una biografía de Herbert Quain y su obra. Es otro personaje de ficción, pero Borges va a producir un giro copernicano: le adjudica a Quain un cuento real, “Las ruinas circulares”… del propio Borges.

Columna publicada el 14/7/19 en Clarín

Publicado julio 15, 2019 por danielmecca en Arte En 200 Palabras, Notas en la prensa

Gertrude ‘Ma’ Rainey, la desafiante madre del blues que murió en el olvido   Leave a comment

Screenshot_39

Mujer, bisexual y negra: Gertrude ‘Ma’ Rainey se forjó en la historia como la “madre del blues” contra todos los elementos de opresión de las primeras décadas del siglo XX en EE.UU. Sumida en el olvido, en 1939, su certificado de defunción decía: “Ama de casa”.

‘Ma’ unió el vodevil, el blues y el folk negro del sur. Nacida en Georgia, en 1886, creó su estilo actuando en las tiendas de los circos. La anunciaban como Madame Gertrude Rainey. Tenía un diente de oro y joyas. Era electrizante.

Su popularidad coincidió con la locura por el blues en la década del 20 y el avance de las discográficas. Entre 1923 y 1928 grabó al menos 92 canciones“See see rider” fue de las más populares. Compuso alrededor de 38 canciones. Fue la mentora de Bessie Smith.

Rainey fue clave para la autonomía femenina negra,como en la desafiante canción “Prove It On Me Blues”. ‘Ma’ fue resignificada en los 60 con los movimientos de liberación. Su voz no era dulce. La belleza del tono estaba en su aspereza y lo sombrío. Cantaba sin vueltas. Como se ha escrito: era un canto de la tierra.

Sterling Brown, poeta afroamericano, le escribió: “Cantá tu canción / ahora que volviste / a donde pertenecés / Alejate muy adentro de nosotros y mantenenos fuertes. Cantanos sobre el solitario camino / Tenemos que ir”.

Columna publicada en Clarín el 7/07/19 

Publicado julio 7, 2019 por danielmecca en Arte En 200 Palabras, Notas en la prensa

Alberto Greco, el artista inclasificable que firmaba personas como obras de arte   Leave a comment

Screenshot_38

“Alberto Greco es un genio”, “qué grande sos”, “el pintor informalista más grande de América”. Estamos en 1961 y los afiches empapelan el microcentro porteño. El argentino Alberto Greco, regresado de Europa, lleva adelante su campaña autopublicitaria. Inclasificable, él fue su propia obra de arte.

En 1962, durante la exposición “Antagonismes 2”, se paseó con un cartel que decía “Alberto Greco, obra de arte fuera de catálogo” y repartió tarjetas personales que decían en francés “Objeto de arte”. Se dice que ese día le pidió prestado la lapicera al artista Yves Klein para firmar dos obras de arte vivo: una duquesa y un mendigo.

Es lo que Greco llamaba vivo-dito: hacía círculos —en general de tiza— alrededor de personas o de cosas para señalarlos como obra de arte: una vendedora ambulante, un obrero, un vehículo, un burro. “El artista no mostrará más con el cuadro, sino con el dedo”, teorizó. Llegó a envolver con un rollo de papel el pueblo español de Piedralaves para firmarlo como obra y declararlo capital del “grequismo”.

Otra vez, en una exposición, soltó 30 ratas a las que puso los nombres de los artistas que exponían. Insatisfecho, Greco fue irritante hasta para los propios vanguardistas.

Columna publicada en Clarín el 30/06/19

Publicado julio 7, 2019 por danielmecca en Arte En 200 Palabras, Notas en la prensa

Henri Cartier-Bresson, el fotógrafo que se puso de espaldas al rey para captar al pueblo   Leave a comment

la-obra-fotografica-de-cartier___SNKufjNRx_1256x620__1

Para Henri Cartier-Bresson la cámara Leica era una prolongación de su ojo. Sus tres pasiones—además de la Leica— fueron los pintores Paul Cézanne, Jan Van Eyck y Paolo Uccello. El maestro del fotoperiodismo, como un pintor, capturó el movimiento del siglo XX.

Cubrió el Mayo Francés, los funerales de Gandhi, la liberación de París, los ajusticiamientos a los nazis de Dachau. Él mismo fue apresado por los alemanes en 1940. Logró escapar tres años después, se unió a un grupo de comunistas y participó de la Resistencia.

Su cámara buscaba vidas escondidas, subterráneas, como el día de la coronación de Jorge VI, en 1937, en que le dio la espalda al rey y fotografió al pueblo que miraba. O cuando retrató en 1949 a un hombre comiendo de Kuomintang, Pekín; otro saltando el charco detrás de la estación de Saint-Lazare, en París, en 1932; trabajadores rusos bailando en una cafetería en los 50, Moscú; una pareja abrazada en Rumania, 1975.

Cofundó la célebre agencia Magnum y fue el primer fotógrafo que expuso su obra en el Louvre. Decía que al tomar la foto lo mejor es ser olvidado. “Me niego a ser un abanderado —eternizó— yo que intenté pasar desapercibido toda mi vida para observar mejor”.

Columna publicada en Clarín el 23/06/19

Publicado junio 23, 2019 por danielmecca en Arte En 200 Palabras, Notas en la prensa

Etiquetado con