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30 años sin Luca Prodan: No te pongas azul   Leave a comment

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“¡Cuán lleno de flores estaba el mundo ese verano!
Los aires y las formas muriendo”
Arthur Rimbaud, “Iluminaciones”

Por Daniel Mecca

Luca había llegado a la Argentina en 1980 e instalado en Traslasierra, Córdoba, en la casa de Timmy MacKern, futuro manager de Sumo. Entre las Sierras y Hurlingham se gestó la primera formación de la banda: Germán Daffunchio (guitarra), Alejandro Sokol (bajo), Luca y Stephanie. El debut oficial ocurrió el 4 de febrero de 1982 en El Palomar.

La banda tuvo varias formaciones (incluso se llegó a subdividir en Sumito, La Hurlingham Reggae Band y Ojos de Terciopelo). La final fue: Luca, Daffunchio, Ricardo Mollo -guitarra-, Diego Arnedo -bajo-, Superman Troglio -batería- y Roberto Pettinato (saxo), con la participación en el final de Gillespie en trompetas.

Pese a que los recitales en vivo eran la fuente de su aura, el grupo se vio obligado a moverse en un ritmo frenético de presentaciones en pubs y antros de Capital, Buenos Aires y el interior, una estructura de explotación que les imponía su condición under. Fue una obra breve y densa: cinco años, un casete, cuatro discos (el último postmortem) y un desafío: condensar la fuerza de las presentaciones en vivo que gestaron el mito.

El casete Corpiños en la Madrugada (1983) tuvo una tirada inicial de 300 copias que, a pesar de ser una producción menor, instaló la matriz Sumo con canciones como “Fuck you”, “Disco Baby Disco”, “Una noche en New York City” (luego “La rubia tarada”) y “Heroin”, algunas de las cuales regrabaron luego en sus discos oficiales.

Es un álbum que trabaja con el punk rock, el electro disco y climas melancólicos como en “Teléfonos que suenan en piezas vacías/White Trash”, que reflejan el lugar de songwriter poco señalado en Luca: su importante aporte como músico (fundamentalmente como letrista) a menudo es opacado por la construcción de su personaje.

El primer disco, Divididos por la Felicidad, de 1985, homenajea con el juego de palabras del título una influencia elemental en Luca: Joy Division. Vendió 15 mil copias. Fue un álbum que fusionó la tensión entre la guitarra etérea de Daffunchio y el virtuosismo a lo Jimmy Hendrix de Ricardo Mollo, una tensión que definió el sonido de la banda.

El disco se caracteriza por el ritmo reggae con “Kaya”, “Regtest” y “El reggae de paz y amor” (es medular la responsabilidad de Sumo en la expansión de este género); y lanza la ya clásica “La rubia tarada”, un manifiesto sobre la tilinguería porteña. También regraban “Disco Baby Disco”, pero con el nombre de “Debedé”. “Fuck You”, el salvaje e insumiso himno de Sumo, no volverá a pasar por los estudios pero era una pieza infaltable en sus shows.

Llegando los monos (1986) y After Chabón (1987) completan la obra central: en el primero se destacan “El ojo blindado” (un sonido duro de punk rock), y un color atmosférico en “Estallando desde el océano”, quizá la canción más representativa del gen Sumo. También el hit “Los viejos vinagres”, introduciendo el funk y una proclama con el verso de Rubén Darío: juventud divino tesoro.

After Chabón marca el cierre de la producción con Luca vivo: “Crua Chan”, la apertura del disco, es un canto de guerra escocés que cierra el círculo de la historia de Luca y “Mañana en el Abasto”, una crónica de la desolación social del barrio tras el cierre del mercado en 1984. After Chabón es su disco más oscuro, marcado por la declinación personal de Prodan, quien a esa altura ya no era quien sostenía las riendas musicales del grupo que fundó. La banda entró al estudio prácticamente sin ningún tema compuesto. Sin embargo, logró redondear un cierre a la altura de su leyenda. Finalmente Fiebre, publicadoen 1989, el álbum póstumo de su discografía oficial, recopila versiones en vivo de diversas épocas –entre las que sobresalen una versión poderosa de “Leave me alone” de Lou Reed y el clásico “Fever”, que da nombre al disco- y joyas como “Brilla tu luz para mí”.

La historia de Sumo -como la de bandas como Soda Stereo- son radiografías del under argentino y la contracultura en los ochenta, a la salida de la dictadura, junto a sitios emblemáticos como el Parakultural, Zero, el Stud Free Pub, Café Einstein y Cemento. Estos dos últimos centrales cuevas del rock y del arte conceptual, habían sido fundados por Omar Chabán, quien cumplía el doble rol de artista de vanguardia y empresario.

Toda esta movida, enmarcada en la falta de posibilidades de los artistas under para desarrollar y exponer su creación, se llevaba adelante en condiciones de precarización hacia el público y hacia ellos mismos. Por citar su caso por la magnitud que tuvo el nombre, el carácter “progre” de Chabán en el ambiente -su indudable aporte en esos años marginales para estos artistas- en modo alguno escapó a las leyes de la usura capitalista que terminó en la masacre de Cromañón, con el vértice de la responsabilidad en el Estado.

Sumo ascendía sin perder su espíritu under mientras Luca, desinteresado del auge Sumo, descendía: en Argentina, donde ya llegó con el hígado muy afectado, reemplazó la heroína -su clave yonki en Europa- por el alcohol. Por la ginebra.

“Si todos quieren ser estrellas yo quiero ser un agujero negro”, había dicho Luca.

Apareció muerto en su casa, en el barrio de San Telmo, en la madrugada del 22 de diciembre de 1987. Tenía 34 años.

Desde su biografía sin fronteras, de Londres a Hurlingham, con los modales de la revuelta, la irreverencia y la melancolía, con la experiencia de una generación crecida en la bronca de la posguerra europea, Luca construyó un sonido hacia adelante que aún avanza.

Un fuck you permanente.

Nota publicada en http://www.po.org.ar/prensaObrera/online/cultura/30-anos-sin-luca-prodan-no-te-pongas-azul

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Publicado diciembre 22, 2017 por danielmecca en Notas de música, Notas en la prensa

30 años sin Luca Prodan: Llegando los monos   1 comment

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Por Daniel Mecca

“Pappo, ¿Quién es Pappo?” Fuckin’ Pappo. Yo le juego una carrera tomando vodka hasta Rosario a ver quién gana”.

20 de marzo de 1982. Festival “Rock del sol a la luna”. El público corea el nombre del cantante de Riff y le grita “puta, puta, puta” a la británica Stephanie Nutall, la primera baterista de Sumo, a quien Luca trajo especialmente de Londres (en una entrevista, Luca critica al “macho bonaerense” por maltratar a las mujeres y después ponerse a cantar un tango llorando porque ella lo dejaba: “Tratala bien, loco, y por ahí no llorás más”, dice. También llegó a salvar de un intento de abuso a la cantante Juana Molina).

Luca, entonces, desde el escenario, lanza su desafiante frase al público del ex Pappo Blues, una “irreverencia” que caracterizó su posición frente a los sacralizados del rock local: desde Charly García a Spinetta. Luca venía a patear estas tradiciones musicales a lo Luca (muchas veces sobreactuando falsas disyuntivas que él mismo no compartía, pero igual quería hostigar) como así también a criticar las “poses” del rockero. Pero, a la vez, era un modo de cuestionar el lugar institucionalizado que ya ocupaban algunos popes del rock de acá.

En Argentina, las bandas de rock nacional habían sido, durante el genocidio, un espacio de refugio para una parte de la juventud, pero no habían sido ellas mismas signo de resistencia.

Entrados los ochenta, aún en dictadura, algunas bandas tenían rasgos complacientes como lo fue participar en mayo de 1982 de un multitudinario festival organizado por Daniel Grinbank en beneficio de los soldados de Malvinas “y de la paz”, participación que se podía leer como un apoyo velado a la entonces cúpula militar y que fue rechazada en los casos de Virus y bandas nacionales punk como Los Violadores (con quien Luca se referenciaría, pero tendría su propio encono con Hari B, uno de sus fundadores, el ‘pseudo punkito’ de “La rubia tarada”).

No era, sin embargo, una línea recta la de los rockeros y el Estado en esos años, sino más bien sinuosa. Se trataba de artistas que habían sufrido la censura como es el caso del propio Charly García -participante de aquel festival-, que en 1974 había tenido que recortar canciones de Instituciones a Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, un disco conceptual de Sui Generis pensado críticamente contra las instituciones. Las canciones eran “Juan Represión” y “Botas Locas”. Charly, con Serú Girán primero (“Canción de Alicia en el país”, 1980) y como solista después (“Los Dinosaurios”, 1983) también cantaría contra los genocidas.

En julio de 1987, Luca -que cayó preso en sus propios shows en medio de las razzias policiales- fue consultado en un reportaje sobre la ley de Obediencia Debida alfonsinista. Con sus contradicciones, opinó que los genocidas tendrían que ir “todos al paredón”, pero luego expresó una visión más asociada a una mirada pacifista: “Me gustan las sociedades donde es aceptado el excéntrico y el que piensa distinto sin una ametralladora en la mano; una bomba bajo el auto del general esto para mi es tan asqueroso como el hecho de los desaparecidos”. Sin embargo, el 10 de diciembre de 1987, 12 días antes de morir, participó en Plaza de Mayo, junto a las Madres, de la séptima Marcha de la Resistencia. “Soy un loco, o los demás me ven como un loco, pero hoy vine aquí porque estoy por la vida -dijo ese día al periódico de las Madres, y siguió- Los rockeros son egoístas, individualistas, sólo quieren lucirse y de los derechos humanos nos les importa nada. La lucha de las Madres me parece justa, pero en la sociedad argentina hay un sentimiento de indiferencia que me espanta”.

La fundación de Sumo se dio en el contexto histórico y chauvinista de la guerra de Malvinas con la prohibición en las radios de pasar música en inglés —y, por tanto, de un masivo protagonismo del rock local— lo que aumentaba las ya características perturbadoras e inquietantes de la banda para la escena local.

La lírica inglesa de Sumo se metió dentro de la lírica rockera nacional como un fenómeno particular: el lenguaje del rock nacional se había fundado hacia 1967 con un formato que importaba, fundamentalmente, el marco musical de Inglaterra (Los Beatles) y Estados Unidos (el blues y el rock), con Los Gatos, Almendra y Manal. Luca, con sus canciones en inglés, recuperó ese origen del rock nacional.

Este hecho produjo una resignificación entre ambas culturas, una nueva tradición, al incorporar, el propio Luca, rasgos del color local popular como el “Nesquik” (del tema Nextweek”) y el jingle del shampoo Wellapon (“Heroin”, canción desprendida del tema homónimo de Velvet Underground editada en 1967 en su disco debut). Luca, con sus caminatas y sus bares, hizo de Buenos Aires su lugar beatnik.

En lo musical, las bandas consagradas, en general, a comienzos de los ochenta, venían o estaban en el jazz rock y el rock progresivo, etapa de virtuosismos y fuerte técnica sobre el instrumento. Allí estaba La Máquina de Hacer Pájaros (1976 a 1977) y Spinetta Jade (sus discos son entre 1980 y 1984). Los bajistas querían tocar como Jaco Pastorius (Weather Report) y los guitarristas como Pat Metheny y Al Di Meola.

En ese marco gravitó Luca, que venía con una información musical muy nueva de Europa y se convirtió con Sumo en un actor central -y forjador- de la tendencia que comenzaba a surgir post Malvinas: la new wave con Virus; el punk con Los Violadores; el tecno pop con Los Encargados; el after punk, el dark rock y reggae con Sumo.

Luca buscaba borrar los perfeccionismos y apelar con su guitarra acústica a la emoción con canciones ‘sencillas’. Sumo, sobre esa orientación, fue más allá: en un péndulo sin fronteras, creaba a la vez climas furiosos, oscuros, luminosos y danzantes, sostenido de una base rigurosa de la aplanadora de bajo, batería y guitarra, en el dodecafonismo del saxo (un sonido atonal), en la cámara de eco de la voz y con Luca al frente, el gran performer en vivo del descontrolado happening Sumo.

Sumo fue la banda completa. Un estilo inédito en el país. Hicieron aire sólido.

Nota publicada en http://www.po.org.ar/prensaObrera/online/cultura/30-anos-sin-luca-prodan-llegando-los-monos

Publicado diciembre 22, 2017 por danielmecca en Notas de música, Notas en la prensa

30 años sin Luca Prodan: Estallando desde el océano   Leave a comment

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Por Daniel Mecca

Luca Prodan hizo estallar en pedazos, desde su océano, la tradición rockera nacional.

Cantaba en inglés, era pelado y arrancó con una chica británica como baterista.

A 30 años de su muerte, su historia -atravesada por los tectónicos movimientos en Europa de las dos guerras y sus ondas políticas, sociales y culturales- es una biografía, por tanto, donde se borran fronteras, es la construcción permanente de un lugar desde el no lugar.

Ese concepto, ese no lugar, le permitirá a Luca romper con las tradiciones sonoras utilizando todas ellas a la vez para finalmente constituir una nueva y potente, al inventar esa vanguardista máquina de after punk, dark rock y reggae que pasó a la historia como Sumo.

Nació en la Roma de la posguerra en la madrugada del 17 de mayo de 1953. Su madre rompió bolsa en plena función de ballet en el Teatro de la Ópera y no quiso abandonar el palco hasta que terminara la función.

Esa ausencia de fronteras caracterizó la genealogía familiar: su madre provenía de una familia de escoceses que vivía en China -nació en Shanghái en 1918- y su padre, experto en arte chino, había nacido en Constantinopla, la capital del Imperio Otomano en 1911. Sus padres, junto a sus hermanas Michela y Claudia, estuvieron tres años en un campo de concentración japonés, en China, durante la segunda guerra.

Su familia no era la típica burguesa: tenían picos de fortuna y pobreza por los excéntricos negocios del padre de Luca, como su paso por el estudio de cine italiano Cinecittà.

Luca desafió el mandato familiar. Su primera educación fue en el St. George’s British International, donde había niños de 53 países. A los 9 años lo obligaron a ir al colegio Gordonstoun de Escocia, el mismo al que iban miembros de la casa real británica y el príncipe Carlos de Gales. Se escapó a los 16 y vivió de  clandestino en Roma mientras lo buscaba Interpol por toda Europa. Estuvo en la cárcel dos veces en Roma, la primera por vender hachís y luego por haberse fugado de hacer el servicio militar obligatorio en Italia.

Se formó musicalmente en la escuela británica de los setenta: vio en vivo a Yes, Van Der Graaf, Pink Floyd, Genesis, King Crimson, David Bowie, The Clash, The Police, Sex Pistols, Roxy Music. Lo inspiraban Ian Dury, los Beatles, Lou Reed, The Velvet Underground, Joy Division, Wire, Brian Eno, Bob Marley, Frank Zappa y los músicos del folk británico como John Martyn y Nick Drake. Además trabajó en Virgin Records, lo que le permitió acceder -y robar- magistrales discos.

Así, creció con el hippismo y la psicodelia de los sesenta, siguió con el rock progresivo y continuó con el grito del “no future” del punk y sus evoluciones, en medio de sus propias tragedias (su hermana se suicidó con monóxido de carbono y heroína, a la cual él la había introducido) y de la crisis económica y política de Inglaterra que desembocaría en Margaret Thatcher.

Casi lo mata un coma hepático en 1979 por su adicción a la heroína. Fue el quiebre: después de ser declarado enfermo mental por el Ejército italiano (declarado así al volver a Roma y ser apresado), ‘huyó’ hacia la Argentina, donde vivía su amigo y ex compañero de Gordonstoun, Timmy McKern.

Luca se escapaba de la heroína.

Era la génesis de Sumo.

En una conferencia sobre James Joyce, Borges planteó que “los irlandeses viven dentro de la cultura inglesa, manejan –a veces espléndidamente– la lengua inglesa, y sin embargo se saben no ingleses, es decir, no deben una lealtad especial a la tradición o a las tradiciones inglesas, y entonces pueden encarar lo que hacen desde un punto de vista revolucionario”.

Luca, en Argentina, en una cultura que no le era la propia, con las tradiciones mixtas que trajo de Europa -y él mismo sin fronteras definidas- pudo encarar por eso su pequeña revolución que incluyó rasgos que hereda desde comienzos del siglo: el dadaísmo, que fue una mística de la revuelta y del amor ante la barbarie de la Gran Guerra; luego el surrealismo (los recitales en vivo de Sumo contaban con pelucas y máscaras) y, finalmente, con el arte conceptual que se caracterizó, desde los años sesenta, en obras de carácter provocador, críticas y polémicas.

Así, Sumo, la expresión de esa revuelta, cambió el cosmos del rock nacional y forjó una nueva tradición que sigue penetrando en la cultura popular.

Luca, es cierto, not dead.

Nota publicada en http://www.po.org.ar/prensaObrera/online/cultura/30-anos-sin-luca-prodan-estallando-desde-el-oceano

Publicado diciembre 22, 2017 por danielmecca en Notas de música, Notas en la prensa

50 años de “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, un disco para el futuro   Leave a comment

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Por Daniel Mecca

El 11 de febrero de 1963, en sólo una sesión de poco más de nueve horas en el Abbey Road de Londres, los Beatles grabaron su primer disco de estudio, Please Please Me, que incluía canciones icónicas como “Love Me Do”, “Twist and Shout” o “I Saw Her Standing There”. Cuando los Beatles terminaron Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, a fines de abril de 1967, habían pasado cuatro meses y medio y más de 700 horas de grabación, tiempo inédito para la época. La banda había cambiado definitivamente los paradigmas. El nuevo disco iba a tomar por asalto, una vez más, la cultura popular.

Sgt. Pepper, lanzado el 1 de junio de 1967, vendió 250.000 ejemplares en Gran Bretaña durante la primera semana, totalizando 500.000 para fines de junio. En Estados Unidos, las ventas llegaron a 2.500.000 para finales de agosto. El álbum, el octavo de la banda de Liverpool, estuvo primero en los rankings del Reino Unido durante 27 semanas y se mantuvo 15 semanas liderando los charts norteamericanos.

Para ello Los Beatles, antes de entrar a grabarlo, le habían anunciado a George Martin, su legendario productor, un cambio radical: no iban a dar más recitales. “Lo que estamos diciendo —dijo John Lennon al productor— es que, si no tenemos que salir de gira, podremos grabar música que nunca tendremos que tocar en directo, y eso significa que podremos crear algo que nadie haya oído nunca: un disco innovador con sonidos innovadores”.

La banda —en un estado efervescente de vanguardia enmarcado en el agitado contexto político y cultural que la rodeaba, los ‘60—, daba vuelta así una de las matrices del mercado: no iban a promocionar más en giras los discos que iban a seguir sacando. Era un cambio muy agudo: apostar a los tiempos fundamentales de creación contra la imposición de los tiempos de las giras y de las discográficas (fechas obligatorias de entrega de material), un hecho que sólo pudo ser posible porque eran los Beatles –y que, en cambio, condena a una gran mayoría de las bandas a condiciones precarias y atenta contra la calidad de la obra.

Ya la magnitud sonora de su disco anterior, Revolver, no fue posible de reproducir en vivo. Por eso, el 29 de agosto de 1966, meses antes de meterse a grabar Sgt. Pepper, los Beatles darían su último concierto oficial. Si aquel disco había cambiado las reglas de la música popular, el que estaban por crear iba a dinamitar todas las estructuras, convirtiéndose en una pieza clave en el rock, el rock psicodélico-sinfónico y el pop que iban a influenciar a generaciones.

“Buscábamos la perfección: no era cuestión de estar un 99% por ciento contentos con algo; todos teníamos que estar satisfechos al cien por cien. Esa es la razón por la que todo lo que suena en el álbum es tan perfecto y preciso”, escribió Geoff Emerick, su ingeniero de grabación, factor fundamental y poco conocido para que Sgt. Pepper —que tuvo que ser grabado en cuatro pistas, fundamentalmente para sonido “mono” (un canal)— sonara así.

Para dimensionar: “Penny Lane” de Paul McCartney, la segunda canción en grabarse, se trabajó durante tres semanas, superando incluso en tiempo a la primera en entrar en estudio para este disco, “Strawberry Fields Forever”, de Lennon. Ambas marcaron un quiebre total en las formas de grabación (para esta última utilizaron el Mellotron, un instrumento revolucionario en la época donde cada tecla disparaba un loop de instrumentos). Las dos canciones, finalmente, fueron excluidas para lanzarse como sencillos en 1967. Ahora, 50 años después, saldrá una reedición del álbum que incluirá ambos temas.

El disco, constituido originalmente por 13 temas, aporta distintos grados de innovación. Se trata de un álbum de arte conceptual, un movimiento artístico surgido en aquellos años que llevó más allá el quiebre de las bases del arte ‘tradicional’, tomando como herencia los movimientos del dadaísmo y el surrealismo. Sgt. Pepper está creado bajo esa matriz, desde el nombre del disco —el alter ego de la banda, el grupo ficticio “La Banda de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta”—, a la resolución de que todo el disco se oyera de corrido, sin pausas, con las canciones fluyendo de una a otra, como si estuviera sonando en vivo. Hasta ese momento, en 1967, nunca se había hecho en un álbum de rock.

El principal tema conceptual es “A Day in the Life” (el que cierra el álbum), el cual fue el extraordinario resultado de una canción de Lennon (la primera parte) y otra de McCartney (la segunda secuencia). Para su grabación —que incorpora una orquesta subiendo frenéticamente de tonalidad sus instrumentos en el puente de la canción y en el final— hicieron un “happening” (un evento artístico) en el estudio de grabación, que se puede ver en YouTube. La consigna era que los músicos clásicos, de los mejores de Gran Bretaña, usaran nariz de payaso, una “irreverencia” que buscaba derribar la barrera entre los géneros. La canción fue vetada por la BBC por el verso “I’d love to turn you on” (“me gustaría excitarte”). Los redobles de batería de Ringo Star son magistrales. El acorde final de 42 segundos, la gran explosión del cierre, fue tocado con seis teclados.

McCartney —el perfeccionista “productor de facto de la banda” (como lo elogió Geoff Emerick), quien se quedaba grabando una y otra vez el bajo cuando todos se iban— materializó en esos días, el 5 de enero de 1967, una obra aún más experimental y vanguardista. Fue al crear “Carnival of light”, que incluyó muchos de los elementos que se escucharían, un año después, en “Revolution 9” (tema del Álbum Blanco, elaborado por Lennon), en cuya obra hay todo tipo de efectos en las voces, distorsiones, sonidos de batería, percusiones, psicodelia al palo. “Carnival of light” —que dura 13 minutos, 48 segundos— nunca fue editada oficialmente en un disco de Los Beatles.

Otra de las matrices de Sgt. Pepper es la psicodelia, representada en la canción “Lucy in The Sky With Diamonds”, título sobre el que se especuló que encriptaba las iniciales LSD, en referencia al ácido lisérgico, aunque Lennon, autor de la canción con esa voz incorpórea, lo negó. “Being for the Benefit of Mr. Kite!”, otro de las canciones del disco, también de Lennon, entra en esa lisergia, materializada en los sonidos de remolinos psicodélicos logrado por los ingenieros.

El disco, asimismo, materializó el contacto entre las culturas oriental y occidental, vínculos que emergían en la contracultura de la época: George Harrison, desdibujado del grupo por el poder bicéfalo de la banda (Lennon-McCartney, con cada vez más protagonismo de Paul) y rebelado contra la fama, metió su canción “Within You Without You”: una notable, letárgica y compleja composición que unía los instrumentos de la India como la sitar (George estaba muy influenciado con sus filosofías) con los sinfónicos de occidente.

La diversificación del álbum contiene, además, una hermosa balada como “She’ s leaving home”, de McCartney, con el lírico uso del arpa, sobre la historia de una chica que abandona a los padres; o la contraposición de voces en “Getting Better”, entre el optimismo de Paul (“Está mejorando todo el tiempo”) y la ironía pesimista de Lennon (“No puede ser peor”), también asociado a la euforia narcótica. Este contrapunto de emociones ya había sido narrado en “We Can Work It Out”, sencillo de 1965 (no está en ningún disco), con McCartney cantando “Podemos solucionarlo” y John con su “La vida es demasiado corta”.

Finalmente, para demostrar que pretendían ser artistas en todos los planos y que saltaban los límites de la música, hicieron la portada más famosa de la historia del rock, a cargo de Peter Blake y Jann Haworthy, a instancias de la iniciativa de McCartney (que se movía en los círculos de la vanguardia). La tapa, que ya había tenido su expresión artística en Revolver y que en general era un envoltorio más para el género, se convertiría ahora, definitivamente, en un elemento más de intervención artística. En ella aparecen personajes protagónicos de todas las disciplinas, desde Bob Dylan a Karl Marx (elegido por Lennon).

“No podíamos haber producido un mejor prototipo para el futuro”, sintetizó George Martin.

Los Beatles volvían a transformarse, cambiando de piel, disco a disco, ávidos de historia.

Nota publicada en http://www.po.org.ar/prensaObrera/online/cultura/50-anos-de-sgt-pepper-s-lonely-hearts-club-band-un-disco-para-el-futuro

Publicado mayo 31, 2017 por danielmecca en Notas de música, Notas en la prensa

Ella Fitzgerald: brilla tu luz para mí   Leave a comment

EFE

Por Daniel Mecca

Fue llamada la primera dama de la canción. Su voz habita la historia del jazz. Comenzó su carrera en 1934, vendió más de 40 millones de discos, grabó más de 200 álbumes y conquistó 13 premios Grammy. Marcó el pulso de la popularidad del género, sobre el que vibró en todas sus escuelas rítmicas (tradición y vanguardia). Ella Jane Fitzgerald, de cuyo nacimiento se acaban de cumplir cien años, fue una de las grandes del jazz.

Nació el 25 de abril de 1917 en Newport News, Virginia. Murió el 15 de junio de 1996. Su padre la abandonó poco después de nacer. A los cinco años se mudó al barrio de Yonkers, en Nueva York. Su infancia —como la de todo chico pobre y negro en esos años de Estados Unidos— estuvo signada por las penurias, el trabajo infantil y la calle. Tuvo que trabajar de ‘campana’ en un burdel y para un corredor de apuestas.

Tras la temprana muerte de su madre en un accidente (‘tenía una voz hermosa’, recordaría Ella) y el fallecimiento de su padrastro, dejó la escuela y terminó en las calles de Harlem, en la época del crac económico del 29. Quería ser bailarina más que nada en el mundo. Huérfana, y tras ser detenida por la Policía, la metieron en un reformatorio del cual se terminó escapando. Allí fue golpeada por los ‘cuidadores’.

Todo empezó en el mítico Teatro Apollo, en Harlem, Nueva York, del que salieron estrellas como Michael Jackson, Stevie Wonder y James Brown. Ella Fitzgerald tenía 17 años. Era un concurso de talento amateur. Se presentó para bailar, pero cuando le tocó su turno, inhibida por la ejecución de otras bailarinas y asustada por el creciente murmullo, cantó. Intepretó “Judy”, del cantante Hoagy Carmichael. Deslumbró. Y ganó. El éxito fue tal que le pidieron una canción más: interpretó “The object of my Affections”, de las Boswell Sisters. Afuera era tímida y reservada pero Ella, en el escenario, no tenía miedo. Ella brillaba.

Un año después, en 1935, se sumó a la big band del baterista Chick Webb en el Savoy Ballroom, otro legendario salón musical ubicado entre calle 140 y 141, en Harlem. La orquesta de Webb ganaba todo en las denominadas “batallas de las orquestas”, incluso a la del histórico clarinetista Benny Goodman, el ‘rey del swing’.

Cuando Ella tenía 21 años, su versión de la canción infantil “A-Tisket, a-Tasket” llegó al primer puesto de las radios y se quedó ahí durante 17 semanas. Para dimensionar: vendieron la cifra, astronómica para esos días, de más de un millón de discos. Cuando murió Chick Webb, a sus 22 años, el 16 de junio de 1939, Ella quedó al frente de la orquesta, un antecedente de vanguardia: una mujer -y además afroamericana- pasaba a liderar una prestigiosa orquesta masculina, que pasó a llamarse “Ella Fitzgerald and Her Famous Band”. La dirigió durante dos años. En 1942 iniciaría su carrera solista.

En esos años (enmarcados en la Segunda Guerra) iba a cambiar de eje la historia del jazz: de la tradicional época de oro de las orquestas y el swing a la vanguardia del bebop, que tuvo como íconos a personajes como Charlie Parker y Dizzy Gillespie. Se trataba de una renovación estilística, marcada por los solos instrumentales, con predominio de agudos, la velocidad en el fraseo y los tiempos, como si fuera electricidad. Ella Fitzgerald, que había sido un ícono del swing jazz, se incorporó a los modos de la modernidad jazzera.

Su versatilidad fue su identidad: podía cantar dulces baladas (“Misty”, “Angel Eyes”, “Embraceable You” o “The Man I Love”); swing jazz; bossa nova, ópera (“Porgy and Bess”, con Louis Armstrong); un ritmo ‘scat’ (“Oh lady be good”) y hasta temas clásicos de los Beatles: tiene una preciosa versión de “Can’t buy me love”, otra de “A Hard Day’s Night”; también grabó una tremenda versión de la protometal “Sunshine of Your Love”. canción que luego popularizaría Eric Clapton con su londinense banda “Cream”.

Los mejores cantaron con Miss Fitzgerald: Louis Armstrong, Frank Sinatra, Dizzy Gillespie, Benny Goodman. Fue maestra en el arte del ‘scat’, la técnica de la improvisación con la voz: la cantante hacía diálogos onomatopéyicos con la orquesta. Entre 1956 y 1964, grabó canciones de artistas como Cole Porter, Duke Ellington y de los Gershwin. “Nunca supe bien qué eran nuestras canciones hasta que oía a Ella cantarlas”, llegó a decir el letrista Ira Gershwin. Queda en la historia su imagen cantando con los ojos cerrados, la boca vibrando y siempre con su pañuelo blanco en la mano.

Su manager, Norman Granz, fue un defensor de la orquesta integrada con los mismos derechos. Pero tuvo otra importante defensora y admiradora: Marilyn Monroe. Fue por Marylin que cantó durante una temporada en el Mocambo, un club nocturno muy popular en los cincuenta en Los Angeles, visititado por personajes estelares como Charles Chaplin, Humphrey Bogart y Lauren Bacall.

“Ella, personalmente —contó Ella— llamó al dueño del club, Charlie Morrison, y le dijo que quería que me contratara de inmediato; y que si lo hacía, tomaría una mesa de adelante todas las noches. Le dijo a él -y era verdad, debido al estatus que tenía Marilyn- que la prensa iría ‘salvajemente’ a verlas. Morrison dijo que sí y Marilyn estuvo allí, en su mesa delantera, todas las noches. La prensa inundaba el local. Desde ese momento nunca tuve que volver a cantar en un club pequeño. Marilyn era una mujer inusual; un poco adelantada a su época, y ella no lo sabía”.

No tenía el desgarro inolvidable de la gran Billie Holiday —aún duele su versión de “Strange Fruit”, un himno sobre la barbarie racista en el sur de EE.UU.— ni lo aguerrido de Nina Simone, otra de las voces cumbres del siglo pasado, comprometida cantora por los derechos civiles. Pese a que toda obra nace de una existencia y un contexto, Ella Fitzgerald no quiso imprimirle a sus versiones el drama de su biografía y de la historia. Eligió otro rumbo. Su tono era cristalino, inconfundible, como un perpetuo canto adolescente. Creada en medio de momentos de barbarie histórica y de sus propias penurias, su voz dejó una perspectiva de calor, como el sol apareciendo.

Crédito foto: agencia EFE

(Publicada en http://www.revistaelotro.com/2017/05/04/ella-fitzgerald-brilla-tu-luz-para-mi/)

Publicado mayo 4, 2017 por danielmecca en Notas de música, Notas en la prensa