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Beatriz Sarlo: “Si Pedraza no está sentado en la CGT Balcarce es porque está preso”   Leave a comment

(Nota publicada el 8 de septiembre de 2012 en el portal Justicia por Mariano: “http://justiciapormariano.wordpress.com/2012/09/08/beatriz-sarlo-si-pedraza-no-esta-sentado-en-la-cgt-balcarce-es-porque-esta-preso/)

Por Brian Majlin y Daniel Mecca

A Beatriz Sarlo le molesta que la llamen reaccionaria. Lo dice con esas palabras. Dirá que durante años viene discutiendo con aquellos que atacan la legitimidad de los piquetes, una medida que – asegura- siempre ha defendido porque entiende que no son equivalentes el derecho a transitar y el derecho a un trabajo y a la dignidad. Dirá, durante una hora de entrevista con Diario del Juicio, que su “identificación por las luchas sindicales y populares es casi automática”.

La escritora e intelectual, que se siente más cómoda bajo la caracterización política de liberal demócrata (o en el campo democrático de izquierda), no duda en verbalizar su postura sobre José Pedraza, dirá que haberlo sentado en este juicio “es de una fuerza impresionante”. Que Pedraza, independientemente del veredicto de la Justicia, “es sin duda el responsable ideológico de los métodos y del tipo de organización del trabajo que los tercerizados tienen”. Y que “las armas están en manos de los grupos que rodean, protegen, custodian y defienden a los jefes sindicales”. Sostuvo, además, que en los últimos treinta años hubo en la Argentina dos planos históricos que no se van a borrar: el juicio a las juntas militares y el de Pedraza sentado en el banquillo.

Sarlo consideró que el caso de Mariano Ferreyra, a quien observa como una figura “sacrificial”, no marcó una ruptura en el discurso kirchnerista ni alcanzó un estatuto de quiebre político en el Gobierno. Sí, en cambio, interpretó que la Rosada le puede soltar la mano a Pedraza en un sentido aleccionador dentro del campo gremial, y que el kirchnerismo no va a modificar el mecanismo de complicidad y negocios con el aparato sindical. “Si Pedraza no está sentado en la CGT Balcarce es porque está preso”, sentenció. Beatriz Sarlo, por otra parte, estuvo presente en el comienzo del juicio, el 6 de agosto pasado. Sobre esas impresiones comenzó la entrevista en su departamento.

-El primer día (por el comienzo del juicio) siempre es una puesta escena en el sentido más fuerte e ideológico, de aquellos que piensan que por este juicio va a pasar un hilo de la democracia Argentina, que por el resultado va a pasar una de las callecitas de la democracia del país. El primer día no se puede evaluar en tanto juicio, que además no podría evaluarlo judicialmente, pero sí en tanto testimonio ideológico de los que están allí presentes.

-¿De quienes apoyaban ese pedido?

-Sí, tengo la impresión que es la gente que estaba interesada en la condena de los culpables del asesinato; que toda esa muchísima gente que estuvimos presentes, pertenecíamos todos a un lado de la apuesta que se está llevando a cabo en este juicio.

-¿Qué representó para vos el crimen de Mariano en el marco de esta democracia y la política de defensa oficial de los derechos humanos, que hasta ese momento quizás no se discutía tanto?

-Ese escenario ellos lo habían evitado siempre, el de un muerto o de una fuerte represión: el kirchnerismo lo evitó siempre; creo que por razones políticas e ideológicas. Nadie quiere un muerto tirado en la puerta de Casa de Gobierno. Ya habían tenido muertos y represión, pero era en el sur y es como si los miles de kilómetros atenuaran el impacto político de esas muertes.

Lo que representa el asesinato de Mariano Ferreyra y la herida fatal que le infligen a la otra compañera (Elsa Rodríguez, militante del PO) es el peligro de la ampliación del campo de alianza que va haciendo el kirchnerismo, porque eso viene de su propio campo de alianza sindical. Si Pedraza no está sentado en la CGT Balcarce es porque está preso. Entonces ahí el kirchnerismo se debe haber anoticiado -quiero creer que el kirchnerismo o Cristina (Fernández) o quien piense la cuestión se tienen que haber anoticiado- que pasó una cosa terrible y que, aún peor, estuvieron al borde con diferencia de meses de tener sentado en Balcarce 50 al responsable ideológico de los métodos, aunque la Justicia probará o no si es el responsable ideológico de ése o de esos tiros.

Pero es, sin duda, el responsable ideológico de los métodos y del tipo de organización del trabajo que los tercerizados tienen.

Es decir que estuvieron al borde de tenerlo sentado ahí. Pero para nosotros, el campo democrático de izquierda (ubique donde se me ubique), no es exactamente una revelación: estábamos bordeando ese peligroso territorio, habían sucedido hechos de represión de esa naturaleza. Hasta la muerte de (Néstor) Kirchner evitaron esto de manera muy fuerte, pero no pudieron hacerlo por completo. Y después de la muerte de Kirchner no hay nadie que esté mirando con la misma tensión y conocimiento el campo de esa burocracia obrera- creo que ese nombre no corresponde-; el campo de ese empresariado mafioso sindical que ahora tienen sentado en Balcarce 50.

-A partir del momento del crimen de Mariano Ferreyra, cuando esta actividad represiva kirchnerista estaba un poco velada en la esfera de lo público, ¿se marcó un quiebre o una ruptura en el discurso kirchnerista?

-No creo que haya marcado un quiebre en el discurso; tampoco parece quebrado por los cincuenta muertos de Once, que ni siquiera aparecen en el discurso, lo cual se podría decir, en términos de desaparición del discurso, es todavía más grave, porque lo de Mariano Ferreyra emerge en el discurso y los cincuenta muertos de Once ni aparecen allí. No creo, entonces, que haya marcado un quiebre como el asesinato de (Maximiliano) Kosteki y (Darío) Santillán marcó un quiebre para (Eduardo) Duhalde: en cuanto Duhalde vio esos dos muertos que le tiraron ahí -al margen de lo responsable que pudo haber sido, responsable no inmediato sino mediato de la cuestión-fue al Congreso y renunció el 25 de mayo a la presidencia. Eso fue un quiebre, que son los interesantes quiebres que Duhalde ha tenido en su vida política y que tienen ese estilo. No me parece que éste haya sido un quiebre, porque un quiebre tiene que ser registrado primero en un nivel simbólico muy fuerte. ¿Quién fue al entierro de Mariano Ferreyra? Eso es lo primero. ¿Quién dijo “acá estoy presente”? Eso hubiera sido un reconocimiento simbólico muy fuerte, del mismo modo que recibir a padres, madres, novios o hermanos de los muertos de Once, mientras (Cristina) recibió a dos personas a las cuales les dijo: “Ya van a aprender lo que es el dolor”. Cuando uno habla de quiebres, se habla en política de contenido simbólico fuerte; después el juicio irá por otros lados, incluso pueden hacer los actos de contenido simbólico fuerte y tratar de que Pedraza salga protegido.

– Hubo, en realidad, una reunión donde Cristina recibe a la familia y fue utilizado como ese acto simbólico al cual hacés referencia, presentado como la instancia donde el kirchnerismo “puso la cara”. Fue unos meses después de la muerte de Néstor Kirchner.

-Efectivamente: hubo dos frases que se dijeron en el momento de la muerte de Néstor. Una es “Nestor tenía a ese chico en la cabeza”, y la otra que lo tenía a Moyano. Esas eran las dos preocupaciones. Nunca sabremos, pero no quiero ser prejuiciosa: estoy convencida que para Kirchner fue un golpe fuertísimo, no quisiera ejercer ningún prejuicio en ese punto. Primero porque no hay ningún Presidente que quiera tener un perfil progresista o popular y quiera un muerto obrero o militante. Esto seguro. Si recordamos la Argentina de 2003 en cualquier momento podían haber habido muertos por el nivel de conflictividad muy alto, y él había hecho una política desde el principio de pacificar el territorio y para eso tenía sus brazos territoriales; lo que él quería evitar era un muerto. Entonces considero que eso tiene una verosimilitud ideológica fuerte y me parecería injusto decir simplemente la otra alternativa, de que lo tenía a Moyano en la cabeza, que había discutido con él 20 minutos antes. Si bien uno no puede decir qué pasa por la cabeza de las personas, me parece que políticamente tiene mucha verosimilitud.

-Suponiendo que eso sea así efectivamente y luego la Presidenta recibe a la familia y ejerce ese acto simbólico de recibirlos y decir que va ayudar a la causa. Sin embargo, después sucede lo de Once. Entonces da a entender que los modelos sindicales y mafiosos siguen estando vigentes…

-Eso no lo van a tocar, es su forma de funcionamiento que desborda cualquier relación con el movimiento obrero: es la forma de funcionamiento empresarial que tiene este Gobierno y creo que es la causa última de todo esto, por lo que no creo que por el momento lo toquen. Este Gobierno da muchas sorpresas, quizás en tres años aparece un equivalente de (Miguel) Galuccio reformando los ferrocarriles, ahora le están quitando poder a (Julio) De Vido…, pero por el momento no lo van a tocar eso.

-Recuperando tu respuesta anterior: ¿considerás que el crimen de Mariano Ferreyra tuvo un efecto en el interior del Gobierno, aunque no haya alcanzado el estatuto de quiebre político tal como mencionabas?

-Mi impresión es que no tuvo el efecto de lo de Kosteki y Santillán, quizás porque la Argentina estaba más movilizada en ese momento, porque se salía de la crisis de 2001 y había una movilización fuerte que incluía a las capas medias (en este país cuando se movilizan las capas medias es cuando la movilización se hace más visible y las obreras siempre transcurren en lugares menos visibles); quizás ésa sea una razón, que el país no estaba movilizado y las capas medias no están movilizadas, excepto sectores muy politizados. Creo, entonces, que no tuvo el efecto de lo de Kosteki y Santillán: esos nombres son como dos palabras que pronunciamos como si dijéramos una sola, uno recuerda el acto, la foto del diario… Me da la impresión que lo de Mariano Ferreyra –y aún que tuvo el libro de Diego (Rojas) inmediatamente- no ha tenido ese mismo impacto.

En principio lo de Kosteki y Santillán lo lleva a Duhalde a renunciar, tuvo un impacto institucional muy fuerte, una sociedad más movilizada, más dispuesta a tomar banderas de ese tipo. No tengo la sensación de la misma repercusión. Cuando (el día del comienzo del juicio) vi a esa mujer en la silla de ruedas (por Elsa Rodríguez, herida por la patota) me dije: “Cuán poco la he visto a esta mujer en la prensa”, porque es muy impactante, es una persona que le han destrozado la vida; estaba con una médica que la acompañaba y prácticamente no tiene una independencia en sus condiciones actuales. Y mi reflexión fue ésa, qué grado de insensibilización relativa; no digo que la prensa sea insensible a esto, no lo fue, pero comparando a los hechos que llegan hasta 2003 sí creo hay una sociedad menos dispuesta a mantener durante mucho tiempo abierto en su condición esta cuestión.

-Cuando mencionás este “impacto relativo”: ¿te referís en un sentido institucional o de la sociedad?

-De lo que nosotros habitualmente vemos en la prensa, en los medios de comunicación en su conjunto… Mi recuerdo de ella (por Elsa) era completamente borroso, sabía que era una persona que había quedado paralítica, o mal; verla fue como ver no solamente el asesinato, sino un conjunto de consecuencias que tiñen la vida de las personas para siempre, la de esta mujer y la de mucha otra gente; mi sorpresa fue ésa. No es que la hubiera olvidado, sabía que había una mujer herida que había quedado muy mal, pero no tenía un nivel de conciencia tan fuerte, como el maestro atropellado en el sur, que era una cosa emblemática.

-¿Cómo evaluás estas diferencias de contextos entre lo de Kosteki y Santillán y el caso de Mariano Ferreyra?

-Habría que reflexionar sobre el estadio ideológico de las capas medias hoy en Argentina, que son y han sido muy importantes en la mayor o menor movilización de la sociedad en su conjunto. Conocemos la movilización de los Qom porque hubo sectores de las capas medias que fueron ahí, que lo conocieron a (Felix) Díaz, lo acompañaron mientras estuvo en Plaza de Mayo. El activismo en las clases medias es fundamental en un país como en Argentina o en Chile, o en otros donde las capas medias son importantes y modernas. Creo que habría que analizar entonces en cada momento en qué están las capas medias; cuando la muerte de Kosteki y Santillán éstas estaban muy en carne viva, muy heridas, todo el mundo tenía un primo que había caído, y cada uno tenía el miedo de ser el próximo. Esta situación es inversa hoy: los primos que habían caído ahora remontaron; los que cayeron y no remontaron son los pobres, los que vienen de sectores obreros y populares, pero los de capas media sí lo hicieron. Las capas medias estaban aterradas en ese momento, su propio destino estaba en juego en los tres primeros años del siglo XXI. Hay que observar cómo está ese sector que es fundamental para ver qué repercute en la sociedad argentina; fue fundamental, por ejemplo, para el mundo de los Derechos Humanos.

-¿Pero creés que las capas medias son insensibles a lo ajeno?

-No, para nada, porque no fueron insensibles en el momento de los Derechos Humanos. Como todos los sectores atraviesan momentos en que están más focalizados en sus propias problemáticas y otros en que están más abiertos hacia problemáticas que las trascienden. Pero cuando uno piensa en grandes movimientos de Argentina como el de los Derechos Humanos, que durante la dictadura estuvo completamente aislado, pero en los años que van desde el 83 empezaron a ser rodeadas por esos sectores. Aquí sucede –y siempre se entiende mal– lo que decía Hannah Arendt: que en condiciones de necesidad es muy difícil pensar lo político: las capas medias viven menos en condiciones de necesidad que el 30% de excluidos de la sociedad argentina, pero se entiende mal porque se piensa que el 30% de la sociedad no puede pensar la política, y yo digo que la gente que no vive en condiciones de necesidad tiene una mayor disponibilidad para pensar lo político.

Pero hay que ver dónde se invierte esa disponibilidad de tiempo. Creo que las capas medias son un elemento decisivo en la formación de la izquierda argentina, que en el país es de un conjunto de dirigencias que provienen de las clases medias y que, eventualmente, se encuentran con grandes dirigentes obreros. Pero las dirigencias políticas provinieron de las clases medias. El camino que un dirigente obrero tiene que hacer para convertirse en un gran dirigente obrero es un camino mucho más largo el de un estudiante universitario que va a constituirse en la dirección de una fracción política y con muchos más desafíos. La importancia de esas capas medias en el siglo XX, en América Latina, son fundamentales: en el movimiento de la Reforma Universitaria o la Revolución Cubana, por ejemplo. Salvo en las insurrecciones campesinas, las capas medias son fundamentales.

-Debe haber también tensiones y problemáticas en ese sentido, porque los grandes medios le dan una visibilización fuerte al caso. Clarín, que es el diario de clase media, lo puso en la sección de política.

-Los juicios son muy largos y seguirlos es muy difícil: por el carácter específico y enigmático para quien no tiene formación legal. Sin duda, cuando Clarín lo pone en política hace que sea más seguido que si no estuviera allí y pareciera que se va a seguir. De cualquier forma, al llegar los alegatos, de defensa y de querella, van a traerlo a lugares importantes. De ahí lo fundamental que es el periodismo: no hay discusión sobre eso. De todas maneras tengo varios interrogantes sobre cómo se leen los diarios y los portales de los diarios –que es donde son leídos en realidad. Tengo serios interrogantes sobre qué es lo que lee la gente.

-¿Sobre qué leen o qué interpretan?

-Primero sobre qué leen. Cuando chequeás en la nube de La Nación a las dos de la tarde, qué se leyó o qué se está leyendo y decís: “Quiero mudarme de planeta”. Sobre qué interpretan en este caso es demasiado claro –en lo de Mariano Ferreyra–. Pero la gente, en general, lee su opinión y nada más que su opinión.

-¿Qué representó para vos el crimen de Mariano Ferreyra al momento del hecho y a medida que empezó a esclarecerse el caso?

-Es fácil decir que esto iba a pasar y uno queda como que ya lo sabía, pero no quiero decir eso. Milité muchos años en un partido político que decía que acá iba a haber un golpe de Estado. Y acá siempre había golpes y tarde o temprano acertarían el pronóstico. Así era fácil. Yo no quiero decir que esto estaba. Lo que digo es que las armas están en manos de los grupos que rodean, protegen, custodian y defienden a los jefes sindicales. Las armas están allí, lo hemos visto en la quinta de San Vicente cuando se pelean y uno ve las fotos del tipo tirando. No es que uno dice que en cualquier momento va a haber un muerto porque la Argentina no está en un momento que eso suceda a cualquier momento, pero que haya un muerto no es algo que uno diga: “cómo puede suceder”.

Para poner un ejemplo: en Londres un policía mata una chica brasilera en el subte en medio de la ola de ataques terroristas. Eso sale del sistema en Londres. Un muerto en una manifestación de un grupo tercerizado apoyado por grupos de izquierda, no sale completamente del sistema. No es ajeno al imaginario, a lo que inconscientemente está en cierta dirección sindical. Por un lado, era imposible predecirlo, pero tampoco dije “es imposible, ¿qué me están contando?”. Están las armas, hay una dirigencia sindical que está complacida con los procesos más corruptos de la forma más capitalista de explotación de los servicios públicos, que no está dispuesta a perder sus prebendas ni beneficios. Tiene hombres aguerridos y ahora trenzados con las barrabravas. No parece imposible que hubiera sucedido lo que sucedió. Eso pensé en ese momento. No fue algo que me sorprendiera.

-En ese marco no sería extraño creer que pudieran quedar impunes –quizás no (Cristian) Favale, más fácil de inculpar- pero sí el resto que apoya a la CGT Balcarce, cómo decías. ¿Creés que está planteado que el Gobierno le puede soltar la mano a Pedraza?

-No puedo presuponer sobre el kirchnerismo. Lo que les conviene políticamente es que si se demuestra la autoría intelectual de Pedraza, dejar que avance la Justicia. Porque además es una señal para los que tiene sentado alrededor de: “Ojo, no se me desbanden, muchachos”. Y entrega a alguien que ya no le sirve. Porque ¿de qué puede servir Pedraza después de esto? Diría que les conviene dejar que la Justicia avance porque no es un tipo que pueda servir mucho más allá de un voto en la confederal de la CGT.

-¿Aún con el conocimiento de los fraudes, corrupción y negociados que tiene Pedraza?

-Si el Gobierno debiera actuar con el temor de que hablen todos los que saben, debería radicarse en la Isla Martín García o en la Isla de Marchi. Porque saber acá sabe todo el mundo. Lo que pasa es que los que pueden hablar saben que son tantas las redes que los autoimplican que no pasa nada. Si vivieran con el temor de que empezaran a hablar, se volverían todos mudos. Creo que no hay que jugar con ese temor. (Sergio) Schocklender, para poner un ejemplo, piensa que puede jugar con ese temor de que él va a empezar a hablar. Pero no sé cuánto de eso no rebota y tiene efecto boomerang. Ha sido articulado como una canasta de mimbre todo el entramado.

-Funciona entonces como un soltarle la mano como aleccionador…

-“Pórtense mejor, y además yo, Cristina Kirchner, tengo poder. No me hagan quedar mal ni me creen problemas inútiles”. Porque esta muerte es trágica y además es inútil desde la perspectiva de una política general. ¿Y qué va a hacer Pedraza? ¿Hablar de (Julio) De Vido? Si estos mismos lo están sacando en un mes o un año por la habitación de servicio. De Vido no va a hablar porque hablar es auto inculparse. Esa amenaza, aunque sea cierta, no funciona con este Gobierno porque no ha hecho de la honestidad y la transparencia institucional su valor. Nadie dice que vota a Cristina porque es la presidente honesta, nadie dice eso… dicen porque tiene huevos, porque se viste bien, porque les gusta, pero no por honestidad. Si Alfonsín hubiera tenido problemas de transparencia institucional sí hubiera sido tremendo para él. Él era transparente. Pero este Gobierno no tiene una imagen de institucionalidad y no les preocupa.

-¿Los hechos de corrupción les resbalan?

-Bueno, (Amado) Boudou está ahí. En ningún país seguiría ahí tan tranquilo presidiendo la sesión del Senado en la que van a indemnizar a él o su amigo o familia o quién sabe (por Ciccone). Está ahí, sucede, pero no hace que baje la popularidad de la Presidente, que, sola, una noche decidió que Boudou sería vicepresidente. Creo que es más probable que si se demuestra el compromiso de Pedraza en esto sí le pueden soltar la mano, el compromiso con la Justicia y los Derechos Humanos es más fuerte. Porque ahí se afectaría lo que ellos defienden.

-Tuviste una orientación de izquierda años atrás, y hoy la mantenés con otros matices: ¿tuviste en ese sentido una identificación con la lucha de Mariano Ferreyra?

-Sin duda. Mi imagen pública es de una persona que está preocupada solo por la cuestión liberal democrática institucional. Mi identificación por las luchas sindicales y populares es casi automática y, aunque no se reconozca, en el curso de todos estos años he discutido con todos aquellos que atacaban la legitimidad de los piquetes. Con todos. Siempre he defendido la legitimidad de los piquetes, siempre he dicho que los derechos no son derechos equivalentes: que el derecho al libre tránsito no es equivalente al trabajo y la dignidad. Mi identificación tiene una alineación automática, aunque mis temas eran los temas liberal-democráticos que son los que convoca la política, para mí, en este momento. Sin duda se me identifica sobre los temas liberal-democráticos, cosa que me parece perfectamente bien, pero me molesta más cuando se me identifica con una reaccionaria.

-¿Como analizás esa simbología de Mariano Ferreyra como militante?

-No sé si se avecina una reinstalación de la figura del militante, que es una figura verdaderamente desprestigiada en la sociedad. Entonces, si está desprestigiada esa figura surgen prejuicios pequeño-burgueses: las veces que uno tiene que leer en los diarios que viene la gente por el sandwich como si se pudiera movilizar gente de 70 kilómetros sin que coman… Son cuestiones de gente que es muy ignorante. No sé si está reemergiendo la figura del militante, no lo sé. Cuando reemerge fijate cómo es el caso de Chile: lo hace en una figura como Camila Vallejos que está diseñada para las capas medias chilenas. Pero, insisto, no sé si reemerge la figura del militante acá, no lo veo. Como figura sacrificial sí, cualquier buena persona va a decir: “este chico (por Mariano Ferreyra) se sacrificó, dio su vida”, pero no sé si reemerge como figura deseable, porque nadie se identifica meramente con una figura sacrificial, excepto en un momentos de auge revolucionario donde podía haber grupos que se identificaban con el cadáver del Che (Guevara). Pero hasta ahí: no veo hoy una sociedad dispuesta a identificarse con una figura que tiene un elemento sacrificial muy fuerte.

-¿Le encontrás, sin embargo, un valor simbólico al caso de Mariano Ferreyra?

-Sí, eso es importantísimo, haber sentado a Pedraza es de una fuerza impresionante. El kirchnerismo borró el plano de televisión, pero el plano de televisión donde mi generación vio a los Comandantes en Jefe cuando se pararon para escuchar el veredicto es un plano del cual no se retrocede; se puede hacer Punto Final, Obediencia Debida e Indulto, pero ese plano simbólico no se borra, y no se borró; haber sentado a Pedraza es un plano que no se va a poder borrar tampoco. No se va a borrar además para los dirigentes sindicales, que van a decir ojo…

-De hecho, es la primera vez en la historia Argentina que se juzga a un dirigente sindical como autor intelectual de un crimen…
-Eso no se va a borrar. Por supuesto todas las corrientes sindicales van a ver cómo se ubican respecto a ese plano; (Hugo) Moyano no va a tener ningún problema de ubicarse respecto de ese plano, porque es una trituradora de sindicalizar.

-¿Y esto puede modificar el plano sindical?

-No lo sé, pero que ése plano no se borra, no se va a borrar. Y ya es mucho: cuando vos metés en 30 años dos o tres planos decisivos ya es mucho, porque eso conforma un imaginario. El de la condena a la Junta es decisivo, de decir “se puede”, con los militares, con todo el poder de fuego porque estaban todos en los cuarteles, se puede… Después hubo un retroceso terrible, pero el plano quedó y esto también “se puede”, y si además hay una condena… Abramos la posibilidad de que no haya una condena: aún así, el hecho del juicio ya es fundamental.

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Publicado septiembre 8, 2012 por danielmecca en Entrevistas, Notas en la prensa

Mariano Ferreyra, el poeta   Leave a comment

Por Daniel Mecca

-¿Qué leía Mariano además de los libros del género político?
-Le gustaba mucho (Julio) Cortázar y (Alejandra) Pizarnik. De Cortázar tenía varios libros. También tenía de Pablo Neruda. Le gustaba mucho la poesía.

-¿Se animó a escribir poesía alguna vez?
-Sí.

-¿Quedó escrita alguna poesía de él?

-Sí. Por esas cosas de la vida, me quedé con un cuaderno de reuniones de él. Es un cuaderno de 2007 que quedó en mi casa, en mi mochila, y yo lo dejé ahí tirado y nunca más. Hace poco lo busqué, lo encontré y lo empecé a revisar: había dibujos de él, una cantidad de cosas, y también una poesía que había escrito. Hasta ahí no sabía que era un poeta. Googleé la poesía para ver si era de alguien, si la había transcripto, pero no, no existía. Es un poema de amor, porque en ese momento estaba saliendo con una chica y me parece que era para ella, no estoy seguro… ¡Queda mal que lo tenga yo el poema! (risas).La cuestión es que me quedó el cuaderno a mí.

Patricio El Be, su mejor amigo, fue a buscar el texto en ese cuaderno y nos hizo llegar gentilmente este poema de amor que escribió Mariano Ferreyra allá por 2007. Es un poema hasta el momento desconocido e inédito que publica por primera vez Diario del Juicio; aunque, por unos segundos, se puede ver la imagen del poema en el cuaderno en un video que había difundido el Canal Encuentro en homenaje a Mariano Ferreyra, y que realizó su hermano Pablo.

Decía el Che Guevara que “el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario  auténtico sin esta cualidad”.

Aquí transcribimos y adjuntamos la imagen del poema manuscrito de Mariano Ferreyra, que era un auténtico revolucionario. Aquí transcribimos, por eso, sus grandes sentimientos de amor:

 

Te extraño.
Sin vos mis labios vuelven a ser labios.
Sin vos mis manos son solo manos.
Sin vos mi cama vuelve a ser solo una cama.
Sin vos mis idioteces solo son idioteces.
Todo sin vos son solo cosas sin sentido.
Necesito verte reír, pidiéndome besos,
sentir tu respiración. Besarnos antes de dormir,
dormidos, despiertos, enojados.
Tus besos son mucho más que besos.
Tu mirada mucho más que una mirada.
Te necesito mucho.

(Nota publicada en el portal Justicia por Mariano: http://justiciapormariano.wordpress.com/2012/08/23/mariano-ferreyra-el-poeta-charla-con-el-be/)

 

Publicado septiembre 3, 2012 por danielmecca en Entrevistas

Ojalá estuvieras acá   Leave a comment

Por Daniel Mecca

El video dura tan solo 1.50 segundos. Primero llega el sonido: los rasguidos de la guitarra criolla de El Be que toca el final de la primer estrofa de I wish you were here, de Pink Floyd. Se oye su voz cantar. Luego se eterniza la imagen: El Be canta y mira a los ojos a su amigo que tiene al lado y que está con una guitarra eléctrica roja y blanca: Mariano le devuelve la mirada, lo mira fijo, cálido, acompaña la canción con algunas notas sueltas en cada tramo. Tratan de ponerle seriedad a la canción. Pero ambos se miran cómplices, cerca de la sonrisa atorrante, disimulando algunos pifies. Llega entonces el estribillo y Mariano arranca con esas cuatro eternas notas del riff que inmortalizó David Gilmour. Le mete distorsión a la viola. No le sale. Se ríen otra vez. Mariano toma un trago de cerveza. Sigue. De repente se los oye cantar a los dos juntos, las dos guitarras juntas: How i wish, how i wish you were here. Se ve a Mariano que canta cerrando los ojos, atravesado de música y sensibilidad. Se lo ve sentir lo que canta: ojalá, ojalá que estuvieras acá.

El de la guitarra criolla es Patricio El Be, el mejor amigo de Mariano Ferreyra, que a casi dos años del asesinato del joven militante del PO a manos de una patota criminal de la Unión Ferroviaria dialogó una hora con Diario del Juicio. Habló sobre el comienzo del proceso judicial, sobre la masiva campaña militante. Habló sobre Mariano, su mejor amigo; sobre el Mariano militante y revolucionario, y el Mariano músico. Habló sobre el simbolismo político que connota hoy su nombre. Contó anécdotas, se rió otra vez de los chistes y ocurrencias que recordaba de Mariano. El Be se quebró sobre el final de la entrevista, con ese atravesar de un dolor indecible. Ese dolor de que te arrebaten lo que más querés. Dijo que aún hoy es Mariano el primero en el que piensa para ir a contarle algo importante. Que hablar de Mariano es hablar de historia. Y dijo, sin dudarlo, que Mariano Ferreyra volvería a dar esta lucha política una y mil veces más.

El juicio

-¿Cómo estás viviendo el proceso del juicio?
-Tuve la posibilidad de entrar el día del comienzo del juicio. Y fue fuerte. Me encontré ahí con otros amigos míos y de Mariano, compañeros que no veía hace bastante y que también tenían vinculación con él. Cuando lo nombraban fue una sensación rara, un juez diciendo el nombre… Sobre todo cuando lo dijo completo, casi fue una situación de quiebre: Mariano Esteban Ferreyra. Lo anterior fue todo lo contrario: la lucha y la campaña por el inicio del juicio fue espectacular, con pintadas; nos desvivimos. Uno salía de trabajar, se iba sin dormir para hacer pintadas… A uno que era amigo de Mariano le da una satisfacción increíble hacer ese esfuerzo por el inicio del juicio, con pronunciamientos…, íbamos a ver a todo el mundo; fue muy bueno realizar esa campaña, también como un saldo que tiene uno, una deuda que siente como amigo de Mariano, no solo como compañero. Por eso, como amigo también se va a jugar todo por la campaña por el juicio como lo hicimos hasta el 6 de agosto.

-¿Qué expectativas tenés sobre este proceso judicial?
-Es difícil. Porque el juicio quizás depende más de una caracterización política de la situación y la situación política es contradictoria: por un lado una movilización impresionante, pronunciamientos de cualquier cantidad de gente, músicos, banderas en las canchas; jamás vi una campaña donde tanta gente y de un abanico tan amplio se movilicen y se pronuncien por la campaña de Mariano. Con lo cual genera mucha esperanza el juicio, sobre todo por la movilización. Pero tenés la contrapartida: las maniobras de (José) Pedraza, las cartas el realinamiento con la CGT Balcarce y una cantidad de cosas que te generan contradicciones. Pero viendo la enorme campaña y que hoy el nombre de Pedraza ya tenga una connotación peyorativa, es muy esperanzador para el resultado del juicio.

-A propósito del quiebre que mencionas cuando escuchaste el nombre: ¿tiene que ver con la carga simbólica política que tomó el nombre de Mariano? 
-Cuando me enteré que lo habían matado me fui del laburo, me tomé un taxi y el taxista justo estaba escuchando una radio que estaba hablando del tema. El primer quiebre que tuve fue cuando el tipo de la radio menciona a Mariano: dice el nombre Mariano Ferreyra, y es justamente ahí el momento en que uno siente que el tipo de la radio te lo arrebata, ¿entendés? Te lo saca, deja de ser Mariano, El Jefe, El Bala, tu amigo, y pasa a ser Mariano Ferreyra, Mariano Estaban Ferreyra, el asesinado en la masacre de Barracas. Con el paso del tiempo uno se acostumbra, quizás cada vez un poco más, a escuchar el nombre de él, ver su cara en todos lados… E incluso a medida que pasa el tiempo los recuerdos se van perdiendo, a pesar de que no pasó tanto… De repente hay cosas que ya no te acordás, y Mariano pasa más a ser Mariano Ferreyra, el pibe del que uno habla cuando va a las entrevistas, de alguien del pasado. Cuando di la entrevista para el libro (“¿Quién mató a Mariano Ferreyra?”, de Diego Rojas) me costaba mucho hablar de Mariano en pasado, no me animaba a asumir que estaba hablando de alguien que no estaba, que ya no existía. A medida que pasa el tiempo, cada vez más vas asumiendo que cuando hablás de Mariano estás hablando de historia: de la historia del país, de la historia de la política, del sindicalismo argentino, más que de hablar de un amigo.

-¿Cómo te llevás con esa transformación del nombre de Mariano en un símbolo?
-Es difícil también, porque además Mariano pasó a estar muy idealizado: ahora es el prototipo de militante revolucionario, cuando entre nosotros era un pibe más, un militante muy reconocido. El otro día empecé a buscar los mails de Mariano y publiqué uno en Facebook en donde Mariano pasa un informe; lo hizo para un compañero que era nuevo y lo bardea en broma. Esto me acercaba más al Mariano que era, al pibe que conocíamos, que al que ves ahora y sentís muy distinto. Ese pase de un Mariano a otro me cuesta terminar de asimilarlo. Es difícil, sobre todo, porque siendo amigo de él, no tomás la dimensión de lo que Mariano realmente estaba haciendo. Porque alguien lo ve de afuera y escucha: un pibe que luchaba contra la tercerización, estudiante y lo mataron… Tiene un carácter histórico y político impresionante, y uno quizás lo ve de otro lugar. Del lugar de me mataron a un amigo más que el del mártir o el del prototipo de militante revolucionario asesinado. Es difícil transformar a Mariano en Sacco y Vanzetti. En un ideal. Hay una tensión en eso.

-De hecho, hay un texto tuyo que escribiste para el año pasado, el día que Mariano hubiese cumplido 24 años, en el que decís: “(…) Parafraseando a Fidel: si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece a los tiempos futuros, de corazón digo que ese modelo es Mariano Ferreyra” (http://www.plazademayo.com/2011/06/el-jefe/)
-Claro, es una frase de Fidel Castro hablando de (Ernesto) Che Guevara. Trataba de decirlo justamente hablando de Mariano un poco más como persona. Ese texto lo escribí porque después de darle la entrevista al libro sentí que me quedaron todas esas cosas para decir de Mariano y quería que la gente se entere cómo era como persona. Él tenía todas las características que se pueden reivindicar a una persona. Como amigo, como compañero, más allá del militante; a veces a la gente como Mariano o a mí le cuesta hacer amigos. Y de repente elegir a un tipo como Mariano y que te lo arrebaten así, de esa manera… Le deja a uno muchas ganas de contar cómo era Mariano, cómo era esta persona que quisieras que muchos fueran como él.

-¿Estas actitudes que él tenía como persona después las trasladó a la militancia política?
-Obviamente, porque además, por lo general, la militancia tiene momentos difíciles, contradictorios, de dudas, donde a veces lo personal también se mezcla con lo político. Tener compañeros como Mariano siempre te sostiene en la militancia, porque veías también la tenacidad, la lucha que él llevaba. Era de esos militantes que daban la pelea a fondo dentro del Partido. Tenías entonces a quién aferrarte. También, como era una persona humilde, siempre estaba con vos, te daba una mano, te ayudaba a hacer actividades, te estimulaba en la comprensión política de los procesos. O te prestaba libros y te hablaba de teoría cuando leía algo. Se preocupaba por tu formación política y si te pasaba algo también se preocupaba. Era un sostén muy importante en el Partido, en Avellaneda.

Mariano, el amigo

-¿Cómo se conocieron con Mariano?
-Militando en el CBC de Avellaneda. Me acuerdo que cuando conté ahí en el libro la historia de cómo nos hicimos amigos, me paso después algo muy gratificante; los compañeros me decían: “¡Otra vez contaste esta historia de cómo se conocieron!”. Pero si yo no la conté nunca, les dije. “Pero Mariano nos tenía las bolas llenas con esa historia”, me dijeron. Cosa que yo no sabía, que Mariano siempre contaba cómo se había formado nuestra amistad. Algunos compañeros me habían dicho, pero no sabía que era algo que Mariano les tenía las bolas llenas, que les decía: “Con El Be me conocí así, así nos hicimos amigos…”. La verdad que fue muy gratificante escuchar eso. Nos conocimos con lo de Cha Cha Cha: casi no nos hablábamos y una vuelta empezamos a hablar del programa y nos empezamos a reír, y llegaba al día siguiente y lo saludaba con un abrazo. A las compañeras les molestaba que nos hayamos hecho amigos de un día para otro, a los abrazos y riéndonos tanto. “¡¿Qué se abrazan!?”, bromeaban. Él era cerrado al principio, igual que yo, de no hablarnos mucho y de repente, a partir de un punto en común que encontramos, la amistad floreció y se estableció fuerte.

-¿Cómo lo llamabas en el día a día?
Yo le decía Mariano, siempre. Me acuerdo que le decía así porque había escuchado hablar de él como El Bala, pero nunca me gustó ese apodo y siempre le decía Mariano. Una vuelta me dijo, como agradeciéndome: “Che, vos sos el único que me dice Mariano, todos me dicen El Bala…”. Me acuerdo que incluso una vez se enojó con un compañero que estaba en el CBC: resulta que Mariano estaba en una punta y el compañero en la otra, y éste le empieza a gritar para llamarlo: “¡Baaalaa! ¡Baaalaa!”. Mariano se hacía el boludo, pero mal. El otro seguía: “¡Baaalaa!”. Todo con la gente pasando, con las chicas ahí, que se yo. Y Mariano se hacía el boludo y después lo cagó a puteadas. No sé si no le gustaba nada ese apodo; quizás estaba un poco acostumbrado, entre los íntimos. Pero no le gustaba mucho. Entonces me parecía que si le hacía sentir bien que le diga Mariano, me parecía mejor.

-¿Fueron apareciendo nuevos recuerdos de él a medida que pasó el tiempo en estos casi dos años?

-Por la amistad que tenía con Mariano, las anécdotas que siempre me acuerdo son cosas muy difíciles de entender; chistes que es muy difícil que alguien se ría o que lo entienda, porque eran cosas muy absurdas y personales. Para ilustrarte: una vez llegué al CBC y le tiro una noticia, y era mentira. Che, tal cosa, le digo. “¡¿En serio!?”, me respondió. Y ahí le pongo la cara de no. ¡Se empezó a matar de risa, pero mal! Entonces, después, siempre llegaba y me tiraba una. Y yo le decía: ¿en serio? Y se ponía en cuerpo y alma a hacer el chiste y empezaba a negar con la cabeza. A nosotros nos mataba de risa y la gente decía: “¿Qué hacen estos dos?”. Un humor muy absurdo y nos mataba de risa hacerlo la cantidad de veces que te puedas imaginar, siempre aprovechando y esperando el momento para que el otro no se lo espere. Reírse de esas pavadas. De cosas así.

-Leí que le gustaba mucho la serie Doctor House, hablando de humor…
-Si, le encantaba. Yo no lo miraba en esa época, y después lo empecé a mirar y a fanatizarme. Me decía siempre que lo mire, que estaba muy bueno. Le gustaba el humor negro de Doctor House, esa cosa directa, frontal, áspera. Le encantaba esa cosa antihéroe de él. También le gustaba Padre de Familia, decía incluso que eran mejor que Los Simpsons. Padre de familia yDoctor House tienen esa característica del humor negro que le gustaba, esa cosa directa y fuerte.

-Antes hablabas de las chicas… ¿Cómo se llevaba Mariano con el amor?
-Era muy tímido, y algunos dirían que medio lento con las minas… Empecé a militar con Mariano en 2005/2006 y él había roto con una novia que había tenido. Después no le conocí más chicas hasta 2007, cuando se puso de novio con una chica que acercamos al Partido, y se notaba que estaba enamorado, era cariñoso con ella. Él se mudó con esta chica y fue un par de veces a la casa. Como ella estudiaba arte, y él también se había metido en la escuela de arte estaban muy artistas los dos, que se yo, y una vez agarraron todas las bombitas de luces y las pintaron de colores… ¡No se veía nada! Las pintaron con tempera, no pasaba la luz y estuvo toda oscura la casa hasta que volvió a comprar la bombita. Nos reíamos mucho, ya que llegabas a la casa, prendías la luz y era una penumbra. En las paredes de su pieza, en el departamento, tenía toda la pared llena de dibujos que había hecho y cosas que había escrito. Algunos dibujos eran medio macabros, una cosa media rara, y ella le decía que los borre porque no se podía dormir. ¡Y él terminó borrando uno porque era muy feo y ella no se podía dormir con la cara de ese dibujo ahí! Una vez vino a mi casa y estábamos boludeando, agarró la computadora y empezó a hacer un dibujo en el Paint; terminó el dibujo y lo puso como fondo de pantalla. Yo me había olvidado que él lo había hecho y ahí quedó: en el fondo de pantalla de mi computadora hay un dibujo que hizo Mariano que lo puso un día que vino a mi casa a hinchar las bolas.

Mariano, el músico

-Le gustaba todo de Pink Floyd; en realidad nunca lo escuché hablando del primer disco que es un muy extraño, muy psicodélico. A mí me acercaba discos de Pink Floyd ya de la década del noventa. Me acuerdo en particular de Division Bell. Me dijo: “Che, escuchate el tema Coming back to life. ¡Escuhá la voz de (David) Gilmour! ¡Es impresionante!”. Creo que era la banda que más le gustaba. Con la música también era muy selectivo, tenía muchos prejuicios: había cosas que no se iba a sentar a escuchar. Pero me acuerdo que teníamos la música en común, y nos juntábamos a tocar el tema de Pink Floyd I wish you were here. Ya he contado que los pibes nos gastaban con ese tema, porque siempre nos juntábamos a tocarlo porque es muy bueno para tocar de a dos. A Mariano le gustaba mucho escuchar y hacer la música que escuchaba. Había tenido un teclado, la guitarra y también un acordeón. Siempre hacíamos alguna combinación.

-¿Era mejor tecladista que guitarrista o al revés?
-Teclado no aprendió en realidad. Primero se había comprado el acordeón que le fascinaba tocarlo y que se lo quiso comprar toda la vida. Lo hizo y se dio cuenta que tenía que tomar clases, porque la guitarra era un poco más llevable si querés sanatear., pero el acordeón no. Y como en un pibe como Mariano era medio complicado que tome clases, lo terminó cambiando. Se lo cambió a un ciego en Mercado Libre por un teclado. Siempre hacía el chiste: “Me podría haber llevado las dos cosas (risas)”. El teclado también le duró poco y volvió a la guitarra. Le costaba tomar clases porque todo lo metódico y sistemático que era con el Partido, en el resto era un desastre. Me acuerdo que el día que lo conocí en un plenario que se hizo en Avellaneda, en el CBC, Jacyn le reprochó a Mariano -como una acotación graciosa en medio de la reunión- que se tendría que haber anotado en el CBC y que se le pasó la fecha. Se lo decía porque Mariano quería estudiar y porque íbamos a desarrollar un trabajo político ahí, pero al chabón se le pasaban las fechas. No cursó nunca en el CBC, e incluso no recuerdo si llegó a anotarse, ya que me parece que se le volvió a pasar la fecha el otro año… Se terminó anotando en un terciario que también lo terminó dejando; después en una escuela de arte que también la dejó… Era muy demandante con el Partido. El Partido era lo importante y el resto eran hobbys. Él no decía: “Voy a dedicarle mi vida a estudiar ese instrumento”, porque estaba dedicando su vida a otra cosa y el resto era accesorio.

“Estoy seguro que la lucha que dio Mariano la volvería a dar una y mil veces”

-Después de dos años de haberse cometido el crimen de Mariano: ¿pudiste afrontarlo o es algo que nunca se termina de cerrar?
(Hace un largo silencio, piensa). A veces uno trata más de no pensar. Quizás la asimilación fue más un “no pensemos en eso”, y “tratemos de no recordar tanto”, porque la verdad es que es muy difícil. Yo empecé a consultar con amigos que quizás se les había muerto la madre o habían tenido alguna situación similar, preguntándoles cómo se hace, cómo asume uno que esa persona con la que contabas ya no vas a contar más… Obviamente no hay una respuesta. No sé si algún día… (Hace otro largo silencio. Lo atraviesa lo tristeza. La angustia.). No sé, a veces pensás que algún día lo vas a volver a ver, eso no termina de cerrar. Cuando tenés tantas cosas en común con una persona o se instala una relación así, hay veces que te suceden cosas y lo primera que pensás es contárselo a esa persona; a mí me pasaban un montón de cosas y lo primero que se me pasa por la cabeza es contárselo a Mariano. Es difícil tratar esa parte inconsciente. Incluso, después de dos años, vengo a dar una entrevista y todavía me quiebro.

-El tema del juicio también debe movilizar, muchas cosas que se ponen en juego…
-En el tema del juicio me cuesta personalmente ver la importancia política, más allá de que haya participado de la campaña. Un compañero me escribió que para muchos la campaña de Mariano se convirtió en una cosa personal más que política. A veces no sabés si las cosas que uno está haciendo las hace por la importancia política de la actividad o por un sentimiento de recordar, de homenajear a un amigo, de dar todo por esa amistad.

-¿Qué hubiese pensado Mariano de todo esto: de la trascendencia, masividad y dimensión política que alcanzó su nombre?
Mariano era un pibe que obviamente no buscaba la muerte ni enfrentamientos violentos que pudieran terminar así. A pesar de esto, siempre tuve la certeza de que si a Mariano le dieras la posibilidad de elegir de volver a militar en el Partido y de volver a hacer todo lo que hizo, y la lucha que dio, yo creo que lo volvería a hacer sin lugar a dudas. Sin lugar a dudas. Porque la importancia que le daba a la lucha, sus deseos de transformación de la sociedad no tenían limites. Veías la convicción que tenía Mariano en hacer las cosas que hacía y sabías que no era un pibe que estaba, como dicen algunos, salvando las culpas pequeño-burguesas, quizás como un hobby o un pasamiento: Mariano era un pibe que quería, al mejor estilo leninista, ser un militante profesional; le daba importancia a todos los aspectos de su militancia, tanto la práctica como la teórica. Siempre estuve seguro en ese sentido que la lucha que dio Mariano, todas las luchas que dio, las volvería a dar una y mil veces, porque todos los que militamos sabemos que es la única forma que hay de transformación social. La enorme repercusión que tuvo la lucha que dio él, es lo que más orgulloso le habría puesto de su propia actividad política.

-¿Él se definía como un revolucionario?
-Sí, por supuesto. Nunca lo ibas a escuchar decirlo, porque suena a una cosa muy estereotipada y él era muy desestructurado en cuanto al lenguaje militante; era muy difícil que lo escuches decir: “Yo soy un revolucionario”. Tenía a veces un exceso de humildad y revolucionario es una palabra muy grande. Pero sin lugar a dudas que lo era. Porque cada vez que tenía que definir a un compañero que estaba a la altura de él y que incluso hacía menos, Mariano lo definía como militante revolucionario. Él estaba convencido de que quería hacer una revolución. La única forma de hacer una revolución es con militantes revolucionarios y estaba decidido a hacer eso. Uno se da cuenta que ése era su objetivo, no formarse teóricamente para discutir, no hacer actividades para pasar el tiempo, sino formarse políticamente para tener herramientas y transformar así la sociedad.

El sonido de las guitarras de Mariano y El Be sigue sonando. Continúan el estribillo de I wish you were here. Cantan a dúo, en inglés, algo que se traduce así como “solo éramos dos almas perdidas que nadaban en una pecera, año tras año, corriendo siempre por el mismo viejo camino”. Mariano, con la distorsión eléctrica, rasguea mirando hacia abajo, concentrado, con algo de ternura y timidez en los ojos, la mirada. Pero otra vez se ríen de nuevo, juntos. El video va terminando de a poco con unas risas de fondo, a las que suma otro amigo, Luciano, el que filma la escena. Queda, para siempre, ese sonido entre los amigos, esa amistad. Queda ese correr siempre por el camino de la lucha y la transformación. Queda la lucha intacta por un mundo mejor. Queda ese ojalá que estuvieras acá.

(Entrevista publicada en el sitio Justicia por Mariano. Para verla ingresar aquí: http://justiciapormariano.wordpress.com/2012/08/23/entrevista-con-el-be-ojala-que-estuvieras-aca/)

Publicado septiembre 3, 2012 por danielmecca en Entrevistas

Entrevista a Javier Martínez, publicada en Mavirock: Oxidarse o resistir   Leave a comment

En una entrevista que publiqué en la revista Mavirock (edición N°21), Javier Martínez habla sobre su nuevo disco autofinanciado que va a lanzar, de su opinión sobre la historia con Manal y la imposibilidad del regreso. Cuenta también sobre su infancia y su viejo, de la falta de políticas en la legislación de la música nacional, de los nueve River de Waters y de por qué se define como un jazzero tanguero. Además, su génesis como baterista, el caso de Tanguito, Litto Nebbia y La Balsa, y su admiración por Alejandro Medina, Chizzo y el Indio Solari. Un reportaje histórico a uno de los grandes fundadores del rock nacional. Oxidarse o resistir.

(fotos: Edgardo. A. Kevorkian)

Publicado junio 29, 2012 por danielmecca en Entrevistas, Notas en la prensa

Entrevista a Jorge Altamira, Plaza de Mayo 27/6/12   Leave a comment

“Éste es el comienzo de la ruptura de la clase obrera con el gobierno kirchnerista. Es un principio de disgregación de esta tentativa de conciliación de clases que durante diez años se valió de Moyano, y ahora como consecuencia de la crisis capitalista y de la necesidad de un ajuste con los trabajadores arriba a un estadio de crisis y a esta ruptura.

Son chicanas (sobre quienes dijeron que asistir era hacerle el juego a Moyano), no tienen ningun valor. ¿Cómo va a decir eso un Gobierno que estuvo diez años haciéndole el juego a Moyano, entregándole las obras sociales, el control del Belgrano Cargas…? Lo fundamental es lo siguiente: para nosotros que luchamos por un gobierno de trabajadores y una alternativa de izquierda, si nosotros no venimos hoy acá, los trabajadores que están acá: ¿van a venir con nosotros por un gobierno de los trabajadores? No. ¿Como -nos dirían-, ustedes dicen luchar por un gobierno de los trabajadores y cuando nosotros estábamos en la calle peleándonos para que no nos roben el salario ustedes estaban afuera? Si nosotros queremos disputar la dirección de la clase obrera, tenemos que estar con la clase obrera cuando se moviliza y se lucha.

Es una posición vergonzante (la de los que adhirieron y no movilizaron). Cuando uno adhiere a algo tiene que ademas poner el cuerpo, la palabra que no va acompañada con poner el cuerpo no tiene ningun valor. Por otro lado legitima la movilización. En esta marcha también hay una disputa con Moyano, porque Moyano quiere llevar a la clase obrera en una direccion y nosotros venimos acá a disputarselá. Si nosotros no estuviéramos acá le estaríamos haciendo el juego a Moyano, porque él monopolizaría total y completamente un vasto movimiento obrero. Le decimos: no te hagas ilusiones, nosotros la vamos a pelear. Y como seguramente vos querés algún acuerdo con Scioli, apenas hacés una tentativa de acuerdo, ya te denunciamos (ya lo estamos denunciando), y los obreros nos van a escuchar porque van a decir: ésto no lo dice un gorila, sino alguien que vino con nosotros a la movilización.

Este día marca indudablemente una ruptura, la gente está acá indudablemente no para saludar al Gobierno a siete meses de las elecciones, sino para hacer una critica poderosa; y el Gobierno ha replicado defendiendo el impuesto al salario, quiere decir que le ha dicho a los que están acá: ‘Muchachos, esto es divorcio total'”.

Publicado junio 28, 2012 por danielmecca en Entrevistas

Oxidarse o resistir (Entrevista a Manal Javier Martínez publicada en Mavirock)   3 comments

En una entrevista a fondo con Mavirock, Javier Martínez habla sobre su nuevo disco autofinanciado que va a lanzar, de su opinión sobre la historia con Manal y la imposibilidad del regreso. Cuenta también sobre su infancia y su viejo, de la falta de políticas en la legislación de la música nacional, de los nueve River de Waters y de por qué se define como un jazzero tanguero. Además, su génesis como baterista, el caso de Tanguito, Litto Nebbia y La Balsa, y su admiración por Alejandro Medina, Chizzo y el Indio Solari. Un reportaje exclusivo e histórico a uno de los grandes fundadores del rock nacional.

Por Daniel Mecca

Endurecerse sin perder la ternura jamás. La frase guevarista hace simbiosis en Javier Martínez (65), eterno fundador de Manal, que anda a las puteadas contra la política argentina del rock, contra los nueve River que hará Roger Waters, contra el ninguneo de los músicos del génesis rockero argentino. Pero en otros momentos llora detrás de esos anteojos de siempre porque está angustiado, nostálgico, porque la vida es frágil y jodida, porque a veces duele la puta verdad; que recita poesía como se la recitaba a Cadícamo en algún bar, porque es un notable poeta, y se pregunta qué será, este mundo que será. Y por momentos Martínez delira, putea mirando el grabador o golpea la mesa, y en otros se desvive hablando lúcidamente del rock, del jazz, de la historia de Manal, de sus canciones, de sus amigos en las épocas de La Perla. Él es Javier Martínez, una biblia del rock, que no llena estadios ni está en las radios de moda, pero para qué servirá eso, que si la historia la escriben los que ganan, quiere decir que hay otra historia, que amanece y la avenida desierta pronto se agitará.

“Desde que nací estoy enojado… y cómo querés estar si es una vergüenza, ¡una vergüenza, hermano! ¿Dónde está la política cultural del Gobierno? En México hay una ley, que cuando hay un empresario que va a traer un número (por ejemplo el tipo que hace nueve River con Waters), bueno, tiene haber nueve conciertos de figuras mexicanas, reciprocidad absoluta. Es una ley y fomenta la industria musical de ese país. Lo único que habría que hacer sería un estudio de jurisprudencia comparada y tomar lo que hacen ellos. Acá somos todos argentinos, hay que salvar nuestros talentos. ¿Cuál es la política cultural que tiene el país? ¿Tiene una? No tiene. Los argentinos tocamos para 150 personas y ellos para 600 mil. Viva el imperio británico. ¿Cómo no me va enojar, hombre?”.

-¿Ves a colegas tuyos apoyando esta postura, estas ideas?
– ¿Quién nos banca a nosotros? ¿Alguien me produce a mí? Los pseudo empresarios argentinos no me llaman porque no me pueden robar. Para ellos, un buen artista es el que se deja robar. “Yo te doy toda la gloria, pero la plata me la llevo yo”. No. Yo ya estoy grande para tomar sopa. No quiero sopa. No sé qué vamos a hacer. Yo estoy pensando en meterme en política, hablar con Sadaic, armar un lobby e ir todos los días al Congreso a romper las pelotas hasta que la saquemos adelante; lo único que tenemos que hacer es comparar la jurisprudencia mexicana… ¡hasta cuando, hermano!

-Me imagino, entonces, que el disco en el cuál estás trabajando ahora te lo vas a autofinanciar…
– Sí, por supuesto. Me estoy autoproduciendo (ver recuadro). Desgraciadamente, los discos anteriores no lo hice así y por eso me los tiraron a un cajón. Ahora lo voy a mandar a imprimir, y la grafica me la va a hacer Rocambole y me lo voy a bancar todo yo: voy a ser la discográfica Mi compañía se va a llamar Némesis y el disco, “El agujero sin borde”. Porque estamos en un agujero sin borde, no sabemos dónde estamos, un vacío; viene Waters y hace nueve River y nosotros 150 personas… ¡nos están cargando, loco! El tipo no tiene la culpa, si no los empresarios de acá. Yo a él lo respeto y la música de Pink Floyd es excelente. Pero ellos tienen detrás un imperio y nosotros un carrito de rulemanes.

-¿Y cómo te sentís en este momento en tu proceso compositivo?
-Me siento muy bien; ahora me voy a comprar un vibráfono y voy a empezar a tocarlo. Mi discurso fue siempre muy jazzístico en la parte musical y muy tanguero en la parte lírica. Y voy a seguir con eso: con el tango en la letra y con el jazz en la música.

-¿Te gusta definirte como un jazzero tanguero?
-Sí, más que como un rockero. Porque hoy por hoy los rockeros han permitido que se llame rock a cualquier cosa y cualquier cosa no es rock. La industria es una basura. De hecho, nosotros somos fuertes en el rock porque tenemos un gran jazz, al ser uno de los países del mundo que tienen un gran movimiento de jazz. Cuando era niño mi papá, que era un melómano, me enseñó lo que era el tango, lo que era el folclore, me enseñó que había dos músicas, una buena y una mala, que todo debía ser respetado. Y me enseñó lo que era el jazz. Y cuando apareció el rock and roll con Elvis Presley, le pregunté qué era el rock. Me respondió: es una forma de swing. Simple. Es verdad.

Javier Martínez habla con pasión de su viejo, que lo perdió cuando el ex Manal tenía 38 años. Dice que “era un hombre de teatro vocacional, un autodidacta, que tenía una biblioteca de acá hasta allá, que escuchaba toda clase de música”. “Me llevaba a exposiciones de pintura y yo me aburría –cuenta-. ‘Tenés que aprender a entender la pintura’, me decía. Fue mi gran maestro y me dejó una huella indeleble. Era un gran artista, lo vi hacer el monólogo de Hamlet y se me puso la piel de gallina; hacía Shakespeare el hijo de puta y teatro clásico”. De hecho, confiesa que su padre le puso de nombre Javier por un papel que éste hacía en una obra, que era un alegato antibélico y se desarrollaba en Francia durante la ocupación nazi. “Hacía un personaje que estaba en la resistencia y el nombre era Xavier: yo llevo el nombre de un personaje. Mi viejo fue mi mentor, mi maestro, mi gran amigo y mi mecenas”.

-En esa infancia, ¿hubo un momento en que dijiste yo quiero ser músico, batero, artista?
-Sí, cuando mi papá me llevó a ver la biografía de Glenn Miller, donde trabajaba James Stewart, June Allyson, y también Armstrong y Gene Krupa. Y Gene Krupa aparece en un momento, yo tenía 9 años, y hacía un solo de batería, un ídolo total. Era en el Ópera. Y salí de ahí y le dije a mi viejo, “Yo me quiero dedicar a esto”. “¿A qué te querés dedicar?”, me dijo. “A tocar el tambor”, le respondí. “Yo te voy a ayudar, pero tenés que estudiar”. Estudié y me recibí. Y él cumplió su palabra, me apoyó, fue mi mecenas. A pesar de que era actor, la iniciación rítmica que me llevó a tocar la batería la recibí de él porque era uruguayo y tocaba los tambores. Para tocar la batería hay que aprender a tocar el tambor.

-¿Qué cosas sentís cuando subís a tocar la batería?
-Pasa todo dentro mío, lo mejor. Yo agradezco al cosmos y a quien lo maneja seguir con vida para seguir haciendo ésto. Lo único que quiero es ocuparme de todo lo que no es música, es decir producción, para que nos vaya mejor, para que nos escuche el pueblo argentino y hacer eventos multitudinarios, y por qué no para ganar mucho más dinero también. ¿Por qué le tenemos que dar 20 palos verdes a los Rolling y nosotros contando moneditas para pagar esta mesa?”.

-Hablabas de salvar talentos argentinos, ¿cuáles son esos músicos que merecen tu admiración?
-David Lebón es músico extraordinario, habría que llenar 100 River con Lebón, con Pajarito Zaguri, con Moris, con Litto Nebbia, con Spinetta, con Héctor Starc, con Hugo González Neira; hay mucha gente talentosa, te digo tipos de mi generación. De los más jóvenes también, que tocan fenómeno, viejo, no pueden estar ignorados, ¿por qué no hay una compañía de discos Argentina que edite?

-¿Se siguen viendo con los músicos de aquella generación?
-Nos vemos, quizás no tanto como yo quisiera. Hace dos años atrás, nos juntamos Pipo (Lernoud), Moris y yo. Estábamos en una mesa de aquel lado mirando para Corrientes (Ndelred: la entrevista fue en el Bar La Paz),y nos acordábamos que por acá estaban los subversivos, los tipos de la tendencia de Montoneros, del ERP, que se hacían los guapos y andaban armados. Nos decían: “Ustedes son unos hippies maricones, hay que entrar en la lucha armada, tienen que venir con nosotros, a estos tipos hay que bajarlos a tiros”. Nosotros les cantábamos Revolución, de los Beatles. Les decíamos: yo estoy de acuerdo en que hay que hacer una revolución, pero si me vos me pedís que hay que matar a alguien, no estoy de acuerdo. Y nos decían maricones, cobardes. El tiempo decantó todo y ¿quién tenía la razón?: nosotros. El rock and roll era más revolucionario que lo que hicieron ellos, porque generaron una violencia que trajo la respuesta de la violencia del Estado que es la catástrofe más grande que puede pasar en una República. ¿Y ustedes van a cambiar el mundo con el rock?, nos decían. A lo mejor no, pero lo vamos a mejorar un cachito. Tampoco pretendíamos que íbamos a cambiar el mundo, pero lo vamos a mejorar un poco. Ahora que soy un hombre grande, estoy escribiendo una letra que dice: “Cuando era joven yo quería cambiar el mundo, ahora estoy contento que el mundo no me haya cambiado a mi”.

“No hay posiblidades de que regrese Manal”

-¿Te jode que el público, que el admirador de Manal, esté siempre pidiendo el regreso?
-No me jode, yo lo comprendo porque ellos no entienden que uno no se va a volver a casar con la mujer que se divorció. No me molesta. Yo comprendo al público y les explico, porque yo los respeto mucho, ya que todo lo que yo soy es por ellos. Lo que pasa es que ahora, en la madurez de mi vida, tengo 65 años y me siento entero, muy bien, y me tengo que dedicar ahora a cosas que nunca hice, como producción, organización de conciertos, me tengo que transformar en empresario, ya que no hay empresarios.

-¿Con Alejandro Medina quedaste con buena relación?
-Muy buena relación, pero no voy a volver a laburar con él. Le dije: “Asumí tu carrera de solista”. Él no está muy de acuerdo, porque viene (Claudio) Gabis y le come el coco…

-¿Ellos quieren volver con Manal?
-No quiero ser indiscreto y ni tampoco decir algo que después se malinterprete… Sí, ellos quisieran volver con Manal. Están equivocados… porque Manal ya se reunió y se desarmó: si segundas partes nunca fueran buenas, terceras sería un asco. Pero hablemos claro: Medina es un gran músico, es uno de los mejores bajistas del mundo (ver recuadro). Él tendría que asumir su carrera de solista, porque aparte compone buenos blues y es un muy buen cantante -Martínez empieza a cantar la primer estrofa de “Un trago de Whisky”, y sigue-: Es impresionante. Yo le dije: loco, defendé tu carrera de solista, dejate de hinchar las pelotas con la bostalgia, como la rebauticé, porque la bostalgia no sirve para nada. Vos hacés hoy un evento de nostalgia, y te llevás esto, y mañana no te llevás nada. Es pan para hoy y hambre para mañana; un artista tiene que mirar para adelante, viejo.

-¿Crees que el público comprende estas razones?
-En mis shows el público lo entiende. Yo, que escribí todo el repertorio de Manal, lo hago en todos los recitales, pero también toco mis canciones nuevas, un 50 y un 50, y se van contentos. Yo le dije al Negro (Medina), vos tenés que hacer eso, pero después viene el otro de España y le come el coco o no sé qué hace…no lo voy a decir, imagínense ustedes…

-Por lo que decís, parece que no hay posibilidades de reunión de acá a mucho tiempo…
-A ningún tiempo. Gabis reunió Manal y después lo rompió. En ese momento, Manal tenía que seguir, ahora no. Por qué no le dicen a Spinetta que reúna Almendra? No hay mal que por bien no venga: Gabis, al negarse a seguir conmigo, me regaló mi carrera de solista y yo soy muy feliz con esta carrera. Me da bronca, me insultaron. Yo los perdoné, pero soy elefante y tengo buena memoria.

-¿A Medina y a Gabis?
-Sí. Los perdoné.

-¿Qué te hicieron?
-Me faltaron el respeto. ¿Cómo me vas a venir a buscar a Europa para venir a tocar acá y después me tirás a un tacho de basura? Yo estaba en España, Barcelona, hacía verano en España e invierno en Francia. Tenía un contrato para ir a tocar en Estocolmo. Iba a tocar jazz allá y ellos me cortaron todo eso. Y un año y medio después, viene Gabis y me dice que yo no tengo nivel instrumental para tocar con ellos, que él no quiere vivir en un país del tercer mundo, que Manal no tiene convocatoria. Yo sinceramente pensé que estaba loco. Ojalá se haya curado.

Informe de una vida

A Javier Martínez le hicieron tres bypass hace dos meses. Esa lógica fragilidad se refleja en su andar, en esa nostalgia que arrastra como un tango. “Por tres meses no voy a tocar la batería y voy a cantar solamente, y luego volveré a la batería. Pero voy a tocar también el vibráfono, que ahora voy a empezar a estudiar”. Pero, ya sobre el final de la entrevista, se angustia, llora, con los ojos cerrados, firmes, le duele la vida, esa lágrima de carga: “Tengo una nostalgia tremenda, ahora que me operé no puedo hacer nada (golpea débilmente la mesa y llora). Hasta los 12 años me peleaba tres veces por día y después empecé a ser miope…, me saco los lentes no veo nada, me cagan a trompadas”.

Entonces proclama casi un manifiesto de sí mismo: “No estoy resentido, no me importa. Yo soy el mejor rockero en español de todo el planeta tierra. Si me escuchás a mí te va a costar trabajo escuchar a otro. Esto que te digo es magalomanía pura. ¿Cuáles son los mejores temas que compuse? Son todos buenos, cualquier tema que hago yo es bueno (risas). Yo no voy a esperar a morirme para que la Argentina necrofílica me reconozca. Me voy a hacer reconocer en el planeta tierra y voy a venir acá como Rogelio Aguas y voy a llenar no nueve, si no 180 River. Voy a pegar la vuelta de Gardel”. “Pero igualmente –dirá días después por telefóno- yo ya tengo el reconocimiento: cada vez que toco me vienen a ver tres generaciones. Me están llamando de un montón de provincias para ir a tocar, y cada vez que lo hago, lleno. Yo tengo reconocimiento”.

-¿El mejor Javier Martínez es entonces el que está por venir?
-Eso sin dudas, porque me voy a sorprender a mí mismo. Voy a tocar el vibráfono, voy a cantar, tocar la batería. Si me diera el cuero me bailaría un malambo en la cuerda floja, pero ya no me da…

Tras la entrevista, el autor de “Una casa con diez pinos” caminará para hacer las fotos por Corrientes, aquella que habrá gastado junto a Tanguito y sus compañeros de La Perla. Se ríe silenciosamente. Al andar y hacer camino, se le ve el mirada la sutileza de la historia, del rock, pero también la ternura y la dureza de estar vivo. “Somos lo que no podemos explicar, ni un sólo hombre tiene la verdad, ningún poeta sabe algo más”, eternizó en la letra de “Te daré mi mano”. Y aquí está su verdad, su mirada como respiraciones; como dice su canción, no hay preguntas que hacer, sino una simple reflexión: sólo se puede elegir oxidarse o resistir. Y aquí, su palabra es la resistencia, la tierra que te da la vida.

Recuadros:

Indio Solari y Los Redondos
“El Indio es de mi generación. Lo recontra admiro porque me gustan Los Redondos y porque son una banda de rock and roll y yo reivindico el género. Los arreglos de Skay son bárbaros y el Indio es un estilista que logró crear un estilo de cantar rock and roll sin imitar a Javier Martínez y eso ya es mucho. Es un gran cantante de rock, tengo toda su discografía. Me gusta la estética ricotera, las letras del Indio son muy buenas. Él reivindicó mi primer Long Play con Manal en el concierto de Junín e interpreta mis canciones: estoy honrado. Otro que lo hace es Iorio y Alma Fuerte, a quienes respeto también.

Chizzo y La Renga
“A Chizzo también lo admiro profundamente. Los de La Renga son amigos míos; cuando el año pasado me nombraron ciudadano ilustre de Berazategui, subió Chizzo a actuar en mi concierto, para tres mil personas; subió y se cayó a pedazos el estadio y cantó ‘Salgan al sol’, ‘Doña Laura’ y otro tema más. Tocó como la puta madre, cantó, la gente estaba enloquecida. Chizzo y La Renga son mis referentes y mis maestros en la autogestión; ojalá llegue a hacerme producciones como se hacen ellos”.

Pappo
“¿Por qué tiene que estar muerto ese pelotudo? Pensá que yo le decía en chiste: ‘No te mueras nunca que te mato, hijo de puta, te voy a matar si te morís’. ‘No, quedate tranquilo’, me decía. Él andaba loco con los fierros, mirá cómo terminó. La versión que hizo de Manal de ‘Una casa diez pinos’ es muy buena. La hizo con mucho respeto. Le escribí como homenaje ‘El blues de Pappo’. Yo todavía no entiendo que esté muerto. Me parece que en cualquier momento va a aparecer… todo el tiempo haciendo chistes. Pappo formó parte de Manal durante un corto tiempo, en una gira a Mar del Plata, en el año 70. Él estaba en el género que estábamos nosotros. Pero después se abrió porque tenía su propia historia, pero el tiempo que duró fue lindo, pero fue solo un verano en Mar del Plata”.

Alejandro Medina
“Es un gran músico, uno de los mejores bajistas eléctricos del mundo. Para mi están Jack Bruss, en Inglaterra, Stanley Clarke en EE.UU y Alejandro Medina acá. ¡¡Toca mucho!! Ya cuando era joven tocaba mucho, y ahora que es un tipo de grande, de 62 años, lo rompe el bajo, te puede tocar lo que vos quieras. Medina es uno de los mas grandes bajistas del mundo”.

Referentes en la poesía
“José Hernández, Alma Fuerte, Baudelaire, Rimbaud, Espronceda, Antonio Machado, Miguel Hernández, Góngora, Quevedo, pero no me puedo comparar con ninguno de esos gigantes, aunque me han influenciado. También los poetas del tango: Manzi, Cadícamo, con quien, en sus últimos años, me sentaba con él en la otra esquina y tomábamos un café”.

Disco nuevo y festival
“El disco va a tener tres compacs, de 10 temas cada uno y un dvd con ocho temas con imágenes. Uno de los compacs va a salir en vinilo también, que va a ser para el año que viene, el resto en diciembre. Lo vamos a presentar en diciembre posiblemente en el ND Ateneo y en Provincia en el teatro Roma de Avellaneda, donde voy a inaugurar el ‘Avellaneda Blues Festival’, un evento mundial, invitando a los bluseros de todo el mundo menos de Norteamérica. Mi formación se llama Manal Javier Martinez y la componen Maximiliano Delli Carpini (guitarra) y Héctor Clavito Actis (bajo)”.

Litto Nebbia
“Respecto a la Balsa, Tanguito hizo la primera parte y Lito la segunda, la trajo al otro día. Pero Litto malinterpretó, porque tiene un problema: mucho ego y en la película ‘Argentina Beat’ quiso minimizar a Tanguito, que llegó a ser un gran artista. Litto también es un gran artista, que escribió: “Yo no permito que me impidan seguir, yo los invito a que me vean seguir”. Ahí me demostró que es un poeta. Pero no me gusta el ataque de ego que tiene. Él, que tuvo la dirección del Bicentenario, no me invitó a tocar: yo estuve prohibido en el Bicentenario, estuve prohibido en el Concierto del 82 por la guerra de Malvinas y eso que yo lo había organizado y no me dejaron tocar. ¿Qué tengo que hacer por Argentina?”.

La Balsa y el disco “Tango” (1973), de Tanguito

“Yo dirigí la grabación de ese disco, lo convencí a Tanguito para que fuera al estudio y grabara con la viola esas canciones. Mi voz ahí (ndelred: en la introducción de la canción se oye la voz de Martínez diciéndole a Tanguito: En el baño de La Perla de Once compusiste ‘La Balsa’) me trajo muchos problemas y disgustos. Fue malinterpretado por Litto Nebbia; hasta el día de hoy está enojado conmigo, me tiene un odio bárbaro porque malinterpretó lo que yo digo en esa grabación. Tanguito compuso la primera mitad y la segunda, la de ‘Tengo que conseguir mucha madera’, ésa la escribió Litto. Tanguito no la quería grabar porque en ese momento era un éxito por Los Gatos. Yo le dije: ‘¿Qué tiene que ver?, mejor que sea un éxito, vos vas a hacer una versión acústica, no tiene nada que ver con la de ellos’. Entonces le dije: vos compusiste ‘La Balsa’ en el baño de La Perla de Once. En realidad no en el baño, sino en la entrada al baño que tenía 50 metros de largo y una gran acústica. Y Litto mal comprendió también debido a que mucha gente deformó las cosas. Se corrió la bola de que yo decía que ‘La Balsa’ era de Tanguito solamente, cosa que no dije y tampoco digo en el disco. Yo dije que él la compuso, pero no dije que él sólo la compuso. Y después me lo pasé aclarando 40 años en todos los reportajes”.

Claudio Gabis y Manal
“Es un gran músico y un gran tipo también. Lo que pasa que estudiaba física y admiraba mucho a Einstein, pero se olvidó de su axioma que dice que si usted quiere obtener resultados diferentes no haga siempre lo mismo. Mirá, ahora le estoy enseñando físico yo a Gabis (risas). Es un gran músico que editó varios libros de teoría y dirige un conservatorio en Madrid. Es un capo, un genio. Que yo no vuelva a tocar con él y él se haya equivocado al abrirse de mí… bueno, se equivocó, nada más, son cosas de la vida. Después se dio cuenta que perdió una oportunidad artística y eso no tiene arreglo. Yo no tengo ningún resentimiento ni con Gabis ni con Medina, que me dijeron en un momento que no querían tocar más conmigo, que yo no tenía nivel para estar con ellos y después se dieron cuenta que se equivocaron. Lo lamento mucho. Yo tengo mi carrera de solista hecha y la defiendo; una brillante carrera de solista”.

El origen del nombre Manal
“Manal viene de la mano, de cómo viene la mano, una expresión de la timba, del juego, de la calle y después se extendió a la vida. ‘¿Hoy cómo viene la mano?’ Hoy estoy bien o mal o voy a ver una chica que me gusta… De ahí viene. Y yo siempre tuve la costumbre de deformar las palabras; y entonces pasó de cómo viene la mano a cómo viene la manal. ‘che, ¿como viene la manal?’ Es una costumbre, que era compartida por escritores famosos como por Cortázar, inventor de palabras. Nosotros lo hacían también. Yo la inventé. En un momento que hubo que poner un nombre a la banda y dije: ¿cómo viene la manal del nombre? Bueno, vamos a ponerle ‘Manal’”.

Astor Piazzolla
“El año pasado gané la Estrella de Mar en Mar del Plata junto a mi formación. Yo estoy orgulloso que haya sido allí, donde nació Piazzolla. Por el sólo hecho de que Piazzolla nació ahí ya es más que… mirá, salvando las distancias, y usando una metáfora loca, ¡es como ir a Nazaret, donde nació Jesús! Lo conocí en su momento, le di la mano, pero con el que tengo amistad es con su hijo Daniel”.

Rock del país
“¿Sabes cómo la llamamos a la Argentina los musicólogos?: país sin tambores. Los uruguayos hacen candombe. Nadie hace rock, tuvimos que aprender a hacerlo porque era la única posibilidad que nos quedaba y nos salió bien. Nosotros inventamos el rock nacional, y los ingleses se pusieron muy nerviosos con el rock argentino que tiene tanto swing como el inglés. Por eso empezaron a atacar en dos frentes: primero a venir ellos y por otro a poner guita en la multinacional; es para promocionar a tipos que van con la marca de rock y no hacen rock: por ejemplo Vicentico, Fito (Páez), Charly (García) mismo que es pop, y es lo que está más cerca. Fito nada, (Andrés) Calamaro ni hablar, Vicentico ni hablar, que es cantante de salsa. Cordera tampoco. ¿Eso es rock? ¡Eso no es rock!”.

Entrevista publicada en la edición N°21 de Mavirock.

Publicado enero 24, 2012 por danielmecca en Entrevistas, Notas en la prensa

"Somos un rock orquestado"   Leave a comment

Con un rock folk atolonado con violines y una delicada oscuridad musical, “El Atolón de Funafuti”, la banda que lidera Tino Moroder —desde su aparición en 2004— produjo un temblor musical en el under de nuestro país.

 Por Daniel Mecca

—Me imagino que ya deben estar un poco cansados de que les pregunten qué significa el Atolón de Funafuti…
—(risas) Y…cansados no, ¡pero ahí ya ponés el cassete!

Es un miércoles de junio en la Buenos Aires encenizada. El cielo, si se permite la metáfora, parece un pucho y un cenicero. La pregunta inevitable es, precisamente, inevitable. Pero la googleada previa de las entrevistas que ya le hicieron a esta banda de rock parida en 2004 —y que ya salió en las páginas musicales de los medios masivos de prensa escrita— reveló las mismas repuestas que suelen dar cuando les hacen una y otra vez esa inevitable misma pregunta: que el Atolón de Funafuti es una isla coralina de Oceanía, que a Tino Moroder, su cantante y guitarrista, le pareció muy musical, muy mística, que eso y que etcétera.
Pero no. Acá hay más, y no hacia adelante, sino hacia el fondo, hacia lo hondo de esta banda elegida en 2008 por el periodista especializado en rock, Alfredo Rosso, como la Nueva Banda del Año, y que con ese rock folk atolonado con violines y esa delicada oscuridad musical produjo una identidad y un temblor musical en oposición al vacío industrializado que se suele oír en las radios; el mundo es como nosotros miramos el mundo. La música también, y el Atolón de Funafuti tiene su propia mirada.

El Atolón —que ya lanzó dos discos, PEQUEÑOS ROSTROS EN PIEZAS (2007) y EL RITMO DEL JARDÍN (2010)— conforma un poderoso sexteto musical: Tino Moroder (voz y guitarra), Martín Irrazabal (guitarra y coros), Lucas “Bambino” Herrera (Hammond, piano y Rhodes), Marilina Calós (violín), Nicolás Silvia (Bajo) y Juan Corrao (batería). Pero acá, en la sala de ensayo, en Villa Crespo, entre las violas, el Hammond y la bata, acá, frente al grabador, están Tino (31) y Bambino (24), que durante la entrevista con Mavirock ofrecerán una visión sobre su música, el rock local, la política y el ambiente post-Cromañón, entre otros temas. “La música es vivirla”, dice Bambino.

—¿En este momento de la banda y en este contexto musical pueden vivir de esa música?
Tino: —Hacemos muchas cosas no solo ligadas a la música, dado el contexto que vivimos en el país y la poca reglamentación del músico como profesión, que no está valorada. Sí vivimos en gran parte de la música porque varios dictamos clases, pero otros hacen grabaciones para publicidades o cine, o trabajan en oficinas o en fotografía. El bajista y yo hacemos fumigaciones también. A través de los años se anhela el hecho de cuándo podré vivir de mi música; uno se cuelga mucho en esa idea y la verdad se está desperdiciando todo el transcurrir de lo cotidiano.
—¿Se refieren a esa idea de “pegarla”, tan internalizada en la jerga rockera?
Tino: —No, ni siquiera. Yo sinceramente eso quizá lo pensaba a los 15 años como un sueño romántico, de pensar en vender millones de discos…
Bambino: —Yo creo que en el día a día nuestro, esa idea está más relacionada con el oficio que con pegarla…
—La idea de pegarla estaría más asociada a esa vieja idea sociocultural del rock and roll…
Tino: —Sí, claro, del establishment, de lo que es sonar en una radio o en una tele, o empezar a generar divisas. De todos modos, te mentiría si te digo que no me encantaría tocar hasta el palo en un estadio o en un Gran Rex. Uno hace música por uno y para otros, porque si no lo hacemos nos quemamos por dentro.
Bambino: —Pero claramente no es la única opción. Hay grises hermosos por todos lados.
—En una entrevista afirmaron que “existía un rock nacional que se encargaron de dormir de dejarlo en el under”, ¿se referían precisamente a este concepto de establishment musical?
Tino: —Sí. Un grupo de gente decidió básicamente por dónde tiene que ir la cosa; a ellos les interesa el dinero y nada más que el dinero, y lo que suena no les importa. No son músicos, no son artistas, son empresarios que quieren generar más plata.
—¿En estas ideas radica su decisión de ser un sello independiente?
Tino: —Sí, por lo menos de saber cómo manejarse independientemente para poder lograr buenos shows y bueno discos. Las empresas directamente ya acapararon los espacios radiales y ni hablar de lugares para tocar.
—Y en el caso particular de ustedes respecto a estas concepciones independientes: ¿Cómo lo manejan? ¿Hasta dónde se puede levantar esa bandera de la independencia?
Tino: —La bandera de la independencia es porque no nos queda otra. Aprender que no nos va a venir a buscar nadie, a ofrecernos dinero para editar nuestros discos, porque es algo que ya no sucede. No es que nosotros levantamos la bandera y tampoco usamos mucho el concepto de decir que somos independientes.
Bambino: —Sí, porque eso implicaría que tuvimos la opción de decidir…
Tino: —Nosotros no decidimos. Somos independientes porque no nos queda otra, y si el día de mañana viene una empresa de estas y dicen: Atolón, le ponemos tanta guita por tantos discos y bajo unas condiciones “x”, y entonces se analizará, si nos sirve y si nos va a servir sobre todo a nuestra música y a nuestra manera de trabajar.
—En otra entrevista, respecto a la explicación que daban una y otra vez sobre el nombre de la banda, comentaban que se consideraban una suerte de isla musical en el rock nacional…
Tino: —Sí, eso en realidad provino de un periodista que nos preguntó si se considerarían como una isla… Y dijimos sí, pero tampoco ponerse en ese lugar porque suena medio elitista el “nosotros somos una isla musical los de afuera son un desastre”. No. Lo que sí tratamos de darle es identidad a lo que hacemos: vas a escuchar a una banda de rock con buenas letras, buenas canciones, bien hecho, pero también una diversidad en lo que son los arreglos convencionales del rock.
—A propósito de la identidad, ¿es muy difícil crearla en el rock local actual?
Bambino: —Ahí está el laburo. Pienso que viene de la nutrición que tiene cada uno. Qué es lo que escuchamos, qué es lo que sentimos.
Tino: —También estamos en la era de la repetición, generada por la gran fábrica de música; es decir: suena un tema de Bersuit y hay quinientas bandas que anhelan sonar como ellos. Pasa eso. Se está dando naturalmente lo que fue pensado por unos pocos, y ahí también la respuesta de la pregunta anterior de la isla, si eso es el mundo nosotros sí queremos ser una isla, queremos ir por otro lado.

El ascenso

Ambos músicos acentúan que el Atolón no está escalando demasiado rápido en el circuito musical. “Quizás en un orden natural, acorde a nuestro mérito”, arriesga Bambino. Tino coincide y amplía la idea: “Damos pasos muy tranquilos. Nosotros venimos hace ya siete años, es un tiempo interesante. No, para mí no es rápido, lo tomamos más natural; en los medios empezamos así (Tino hace el gesto de gotas cayendo), no es que aparecimos de repente. Nosotros siempre fuimos más de hormigueo, vamos a tiempo moderato”.

Esa ascensión en el circuito se debió, entre otros factores, al sacudón musical que produjeron sus dos discos, con una estética auténtica de música y letras, que contempla, si se quiere, ciertos matices de Los Redondos, Almendra o Pescado Rabioso, con rasgos psicodélicos. “Descubriendo certezas”, el corte musical de su segundo disco, que ya tiene un videoclip, marca una textura delicadamente salvaje, con la repetición circular del riff. “Música para pájaros”, el último tema y de carácter instrumental, profesa una elegante calma que se va detonando progresivamente hasta la nueva calma. Por su parte, “Bestias del Orden”, “Fuego idiota” y “Rock 50 miligramos”, de su primer álbum, representan las columnas del espíritu del disco.

—¿Sienten un mayor logro musical del segundo disco respecto al primero?
Bambino: —Completamente. Incluso tenés un primer disco con cierto carácter y un segundo disco con otro. El carácter de hoy es una sumatoria, que modifica y presenta otra cosa y eso, quizás, será el tercer disco. El sonido del primero es un sonido diferente y está buenísimo porque no nos aburrimos de los temas viejos.
—¿Está en fabrica el tercero? Había leído que cada dos años queríamos hacer un disco…
Tino: —Sí, estamos trabajando en ese disco. Nosotros nos metemos ese ritmo, como auto-presión, para mantener un poco el fuego de la creación. En el verano ya queremos empezar a grabar para que el nuevo disco salga en marzo de 2012. Será un Atolón más de rock clásico, pero con nuestra impronta y nuestro sello; está el hecho de lo estrictamente musical ligado a lo que se va a decir.
—El tema del violín es novedoso dentro de una banda de rock ¿qué aporte le brinda musicalmente a la banda la decisión de este instrumento?
Bambino: —El violín ofrece una textura distinta. El violín va con el concepto de la banda.
Tino: —Le da carácter. Está todo concebido también con esa característica. Tratamos de que esto sea un rock orquestado. El violín está desde el nacimiento de la banda y es un color fundamental.

Cromañón y política

—Habiendo nacido como banda en una generación marcada por la tragedia de Cromañón. ¿Cómo vivieron todos estos años desde adentro?
Tino: —Fue un momento muy triste para todos que le pegó a todo la sociedad, pero a los músicos nos pegó muy mal porque murieron muchos chicos bajo una bandera del rock y eso nunca está bueno. Lo que nos ayudó a nosotros, y lo digo entre comillas, es a componer: nos metimos a trabajar porque otra cosa no podíamos hacer, ya que si no te disolvías. Ese fue un quiebre.
—La generación del Atolón estuvo muy marcada por otra parte por la politización de la sociedad, en la cual la música y el arte no fue ajena. ¿Cómo se ubican frente a ese hecho?
Tino: —Cada uno de nosotros tiene su pensamiento político, y sin eso no podríamos existir, pero tratamos de decir lo que decimos a través de las canciones, y no apegarnos mucho a la politización del rock, aunque me parece muy bien que las bandas lo hagan. Yo quiero rescatar particularmente el hecho artístico por sobre un acto político o partidario.
Bambino: —Sí, somos seres políticos, no hace falta ser partidario. Las ideas se pueden expresar de otra manera. Desde que uno se levanta hasta que uno se va a dormir todo puede ser considerado como un acto político. Uno es un ser político y hace cosas en pos de algo por más que te tires a la nada. Esa es una decisión expresa y estás expresando mensajes.

Se termina la charla. Tino y Bambino planean hacer algo musical con una partitura conceptual pegada en la pared, a propósito del diálogo que salió sobre el gran compositor estadounidense, John Cage. El Atolón de Funafuti, ese rock orquestado, esa identidad profunda, va dejando signos de que seguirá explorando en el mapa de la música nacional, como una infinita brújula rockera. ¿Cómo se ven en un par de años? “Yo me veo sonando de puta madre”, romantiza Bambino. Tino cierra el telón spinettianamente: “Anhelo que el Atolón sea una banda eterna”.

 (Nota publicada en la edición N°20 dela Revista Mavirock)

Publicado diciembre 2, 2011 por danielmecca en Entrevistas, Notas en la prensa