No entres dócilmente en esa noche quieta, Colo   Leave a comment

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El mensaje colectivo del Colo Rath llegó por mail el jueves 24 de diciembre de 2015 a las 16.51. Lo envía, cada año, inexorablemente, por esa fecha. En 2016 llegó el sábado 24 las 18.55. En 2014 fue el martes 23 a las 22.06 con la frase “porque cada uno y cada una, a su manera, sueñan despiertos. Feliz año”. Ese jueves 24 de diciembre de 2015 su correo comenzaba así: “He aquí un verso de Dylan Thomas del que nos enamoramos junto a Pablo”.

Pablo, el que también se enamoró de esos versos, era Rieznik. En el mail, adjuntado, estaba el texto de Dylan Thomas, el poeta británico que pasó a la historia en el Greenwich Village de Nueva York y se fue en 1953, después de tomar -marca la leyenda- 18 whiskys seguidos en la White Horse Tavern.

Decía Roberto Bolaño que hay momentos para boxear y otros para escribir poesía. Ese poema de Dylan Thomas hace las dos cosas a la vez: “No entres dócilmente en esa noche quieta. Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde rabian, rabian contra la agonía de la luz”.

Escribo esto después de verte en la sala 11 de terapia intensiva del hospital en el mediodía del 13 de marzo. Me enteré anoche que estabas internado, Colo, perdoname que no fui antes. Estás ahora en coma inducido, con respirador, lleno de cables, de ruidos de máquinas, de fiebre en 38 grados, de sábanas blancas, de tus ojos apenas abiertos, de ella que te toca la mano, te dice algo cariñoso al oído, y vos te movés, temblando, luchando, como resistiendo, andá a saber desde qué lugar, Colo, desde qué sueños, y luego un abrazo en el pasillo, un estoy tan triste y lágrimas. Estás resistiendo. Sí. Te oponés. Todavía no.

Tu mensaje del 24 de diciembre de 2016: “En nuestro brindis estarán ustedes para celebrar la pasión, la vida exuberante, el deseo de nunca dejar de asombrarnos, la lucha por esa sociedad de iguales y de asombros, por lo que el hombre puede hacer dejando atrás la prehistoria. Abrazo enorme”.

Por una sociedad de iguales y de asombros. Qué hermoso, Colo.

Fuiste un norte el tiempo, más de dos años, que trabajamos juntos en la prensa, yo en cultura. Lo seguís siendo. No solo por nuestros debates sobre cultura y revolución, no lo solo por lo aprendido de tu ávida, vibrante generación, sino por la transmisión de un método: ante la escritura de cualquier artículo hacer un debate sistemático de todo el equipo para encontrar el mejor ángulo de abordaje. Eso sí, me llamabas los sábados, quizás 8.30 de la mañana, y qué hashés, pibe, u Hola, pibe, escuchame, ese artículo que. Y yo que no podía creer la hora en que me llamabas. O tus lacónicos mensajes de voz en el contestador: “Llamame. El Colo”.

Aprendo de tu rigurosidad. Encuentro ahora un mail tuyo, fechado el sábado 3 de octubre de 2015 a las 9.12 de la mañana: “Rigurosamente, todo texto que supere los 4.000 espacios debe ser devuelto al autor, para que lo adapte a ese máximo”. También te copié —Borges diría que es reescritura— eso de estar siempre con una pila de diarios y recortes bajo el brazo.

Tu último mensaje de Navidad fue el domingo 24 de diciembre de 2017 a las 16.19: “Un enorme abrazo para esta Navidad y este Año Nuevo. Todos los sueños, todos los proyectos, los propios y los de todos”. El de 2014 lo acompañaste con un poema de D.H. Lawrence: “Todo el mundo sueña, pero no de la misma forma/ Aquellos que sueñan de noche en los recesos polvorientos de la mente/ se despiertan por la mañana y descubren que era solo vanidad./ Pero quienes sueñan de día son gente peligrosa /porque sueñan con los ojos abiertos y los hacen convertirse en realidad”.

Este no es un texto que espera. No es un homenaje. Nada de periodismo. Es un texto para ahora, para estas horas sin tiempo en que luchás por tu vida, un texto para acompañar tu resistencia, para decirte que te quiero mucho, que fuerza, que todavía no, que acá estamos peleando, junto con vos, por el derecho al pan y a la poesía, por una sociedad de iguales y de asombros, y que, como Dylan Thomas, sabemos, no vas a entrar dócilmente en esa noche quieta.

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Publicado marzo 16, 2018 por danielmecca en Editoriales, Notas en la prensa

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