Página 69   Leave a comment

pagina 69

Crucé la plaza Lope de Vega, en el centro de Valencia. Serían las dos de la tarde. Caminaba sin destino, a ningún lado. Me metí por un callejón y vi unos pequeños puestos de libros, en una esquina, tipo Parque Centenario. Uno solo estaba abierto. Pasé de largo. Caminé unos metros. No sé por qué regresé al puesto. Pregunté si tenía algo de poesía. ¿Buscas algo en particular?, me respondió el hombre, la voz española, una campera bordó, gastada. Le dije que buscaba poesía de España, pero que la verdad, bueno, que nada en especial. El hombre sacó varios libros del fondo. Empecé a revisarlos. Me gustó uno de Luis Cernuda, la antología poética. Lo abrí en cualquier página. Leí unos versos: “Eras, instante, tan claro”. Sonreí en silencio. Lo separé en un costado. ¿Me dijo que también tenía uno de Miguel Hernández, no?, le pregunté al hombre en tono argentino. Me trajo desde adentro “El rayo que no cesa”, de Hernández. Me puse a hojearlo. Estaba todo rotoso. Abrí la primera página, que estaba escrita con tinta azul: “En la página 69 hay un poema: cuando lo leas yo estaré, siempre que esto ocurra, en él. Llorar es lanzar por los ojos una porción de Amor. Cariñosamente. Juan Lizanoga (o Lizaroga, o Lizavoga). 18 de marzo de 1965”. Las páginas del libro estaban amarillas. Busqué el año de edición: tercera edición, 9 de febrero de 1959. Fui a la página 69.

“Es muy común que estén escritas dedicatorias en los libros”, deslizó el hombre. ¿Y le gusta a usted la poesía?, le pregunté mientras le pagaba 8 euros por los dos libros y me los ponía debajo del brazo. Pues bueno, que sí, que tiene unos 1.200 libros de poesía en la casa –abrió los brazos como si señalara una enorme biblioteca-, que la casa está a dos minutos caminando de su puesto, que ama a Cernuda, a Miguel Hernández, al poeta griego Cavafis, pero que los años le van jodiendo la vista –lo dijo y miró la calle, a nadie en particular– y que ya no puede leer como antes. La vista y la próstata, esa próstata que ya no lo deja hacer nada, no lo deja trabajar, no lo deja viajar, que coño, que no lo deja ser feliz. Esa próstata que a veces lo ataca como cuchillas por dentro, lo dijo así, como cuchillas, y entonces nada es poesía, el dolor, no poder mear en media hora, tener que volver a su casa, lograr relajar cada tendón del cuerpo, sentarse en ese sillón suyo, tan suyo. Y volver, de a poco, volver lejos de ese dolor, regresarse. Y no tener un puto duro, que la crisis, que el doctor que parece que lo viene jodiendo, así lo dijo, me viene jodiendo, porque las pastillas que le da no le hacen nada y le dice que no se opere, que puede evitarlo con el tratamiento. Ya quisiera, me dijo el hombre, que los turnos en las hospitales públicos para esa operación tardan entre un año y medio y dos años, y una operación con laser cuesta unos 2000 euros. ¿De dónde puedo sacar yo tanto dinero, dime, con esto?, se lamentó señalando su puestito, su humildad, sus 60 o 61 años, sus jeans rotos, y que lo difícil que le den un préstamo bancario a uno, que un amigo suyo le ha dicho que por enfermedad se lo darían, pero que los intereses, que la crisis, que ganar dos mangos con los libros. Pero Manolo, así se llama, no solo se lamenta por la pasta –no hay pasta–, no solo se lamenta por la guita, que no hay guita. Manolo miró su puestito, su choza –como la llamó, alguna vez, un amigo suyo argentino– y vio otros tiempos, como ese año 78 cuando estuvo en Paris y fue feliz, como mirar el rozar del mar, fue feliz, como esos años de pibe en que viajó a Francia, a Yugoslavia, a Italia, a Marruecos, que tenía una librería, una buena librería, a unas dos cuadras de su actual choza, que luego de las ferias de libros de Valencia podía juntar algo de pasta, que amaba viajar, ver otros cielos, que se las tomaba sobre todo en los días de fallas valencianas, con ese ruido insoportable, que hay algo que le duele más que todo, más que la guita, que la próstata, más que la gente ya no compre libros, más que la crisis: le duele saber que se va a morir sin poder regresar a Paris. Hizo un silencio. Miró el piso. Se puso la mano en los bolsillos. El frío.

Manolo nunca viajó a Argentina, que le encantaría, que tiene un librero conocido en esa avenida principal, que cómo se llamaba, ah, sí, avenida Corrientes, que su nombre es Martín, el librero Martín, que no puedo recordar cómo se llamaba su puesto. Que si lo ves dile que has estado con Manolo, el de la choza, que va a flipar cuando se lo digas. ¿Alguna referencia de cómo buscarlo?, pregunté. Pues no, que se llama Martín, que tiene una librería por la calle Corrientes, que has estado conmigo, en la choza. Sonrió, calladamente. Empezó a despedirse. Tenía que cerrar. Que lo había pillado de casualidad en el puesto porque estaba esperando a un chico de enfrente que tenía que darle un recado, un mensaje de la novia de éste, creo, que le habían aceptado un trabajo, que es un milagro con los 35 años del muchacho y que la crisis. Le di la mano. Le dije que pasaría a visitarlo cuando regrese, alguna vez, a Valencia, que mi hermano vive en la ciudad. Que volvería.

Empecé a caminar. Fui hasta la Plaza de la Reina, a unas cuadras. Me senté en un banco. Abrí el libro de poemas de Miguel Hernández, la tapa rotosa. Empecé a leerlo, la primera hoja con la dedicatoria, la letra azul. Seguí. Me detuve en la página 69. Lo leí, una, dos veces. Cerré los ojos. El sol, invernal, pegaba en su tarde.

Por una senda van los hortelanos,
que es la sagrada hora del regreso,
con la sangre injuriada por el peso
de inviernos, primaveras y veranos.

Vienen de los esfuerzos sobrehumanos
y van a la canción, y van al beso,
y van dejando por el aire impreso
un olor de herramientas y de manos.

Por otra senda yo, por otra senda
que no conduce al beso aunque es la hora,
sino que merodea sin destino.

Bajo su frente trágica y tremenda,
un toro solo en la ribera llora
olvidando que es toro y masculino.

Anuncios

Publicado febrero 19, 2014 por danielmecca en Notas en la prensa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: