Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro   Leave a comment

Por Daniel Mecca

Cuando se quitó la vida repentinamente el poeta ruso Serguei Esenin, León Trotsky -quien admiraba profundamente a este poeta- escribió en enero de 1926: “Su resorte lírico no habría podido desarrollarse hasta el final más que en una sociedad armoniosa, feliz, plena de cantos, en una época en que no reine como amo y señor el duro combate, sino la amistad, el amor, la ternura. Ese tiempo llegará. En el nuestro, se incuban todavía muchos combates implacables de hombres contra hombres, pero vendrán otros tiempos que preparan las actuales luchas. La personalidad del hombre se expandirá entonces como una auténtica flor, como se expandirá la poesía. La revolución arrancará para cada individuo el derecho no sólo al pan, sino a la poesía”.

León Trotsky consideraba que el poeta Esenin “era de otro mundo”, en el sentido que escribía sus poemas y cantaba su voz para una época de armonía, un futuro de “auténticas flores”, que sucedería al periodo implacable de la revolución y de la lucha.

Hoy vivimos ese periodo de lucha en el marco de una crisis mundial capitalista, materializado a escala internacional en esas enormes movilizaciones en Brasil, Chile, Egipto, España, Grecia, entre otros países. Ese mundo que lleva sobre sí mismo su propia descomposición, que arrastra su miseria y su muerte y llena de muerte los rincones que toca. Su cuerpo agonizante se apoya sobre los condenados de la tierra para intentar mantenerse inútilmente de pie. Agoniza sobre su propia identidad y su contradicción histórica: en términos marxistas, el límite del capital es el capital mismo.

Masacre de Once

La masacre de Once, en Argentina, por citar un caso, puso en primer plano esta descomposición a escala nacional. Fue una masacre sintomática: funcionarios kirchneristas, empresarios –de privatizadas menemistas- y burócratas sindicales articulados en una alianza de negocios, poder, subsidios y empresas tercerizadas, a costa de la muerte de más de 50 trabajadores.

Para retratarlo: Guillermo Antonio Luna, ex subsecretario de Transporte Ferroviario de la Nación, era un hombre del sindicato de La Fraternidad, aliada a la Unión Ferroviaria (UF). Jugaba desde los dos lados del mostrador: desde su función pública autorizaba la entrega de los subsidios y el pago de los sueldos para las concesionarias y sus tercerizadas que estaban comandadas por sindicalistas como José Pedraza, ex de la UF y hombre amparado por el ministerio de Trabajo de la Nación. Las empresas tercerizadas pagaban menos salarios, además de tener peores condiciones laborales: a los trabajadores tercerizados les depositaban sueldos menores al dinero que giraba el Estado, diferencias del 30% e incluso superiores.

Pero no se trata de una denuncia contra tal o cual funcionario corrupto del poder de turno: hablamos de toda una arquitectura estatal parasitaria. Tras la condena histórica a José Pedraza se supo que su reemplazante en la dirección de la Unión Ferroviaria, Sergio Sasia, es otro dueño de una cooperativa. Todo siguió igual.

Lo único que cambió fue un desarrollo en las conciencias: esta condena a Pedraza fue una consecuencia histórica de una lucha concreta de miles de trabajadores que se extendió por más de dos años. Una lucha que no es una anécdota en el movimiento obrero, sino que atravesó la historia y ya es parte contundente de ella al lograr sentar en un juicio en Argentina, por primera vez, a un dirigente sindical como autor cómplice de un crimen político. Una condena que es consecuencia directa de las movilizaciones, de los reclamos, de las actividades en las calles y en los lugares de trabajo. Una condena perteneciente a la lucha popular que puso en la cárcel a Pedraza y su patota.

Porque es esta misma estructura de corrupción que derivó en el asesinato de Mariano Ferreyra y luego en la masacre de Once. Es el mismo aparato corrupto y represivo que, en plena democracia, mantiene desaparecidos a Luciano Arruga, Julio López y Daniel Solano, y donde la represión estatal –La Federal, la bonaerense, Gendarmería, Metropolitana, etc- se cobra una víctima por día en todo el país según datos de la Correpi. El aparato represivo sigue intacto en el kirchnerismo; el objetivo es claro: reprimir a los que luchan.

Crisis política, económica y de conciencia

Todos los días se siente el golpe contra los trabajadores: índices oficiales que aseguran que se puede comer con $6 por día; laburantes a los que el Estado les confisca el salario desde los $7.000, con paritarias que el ministerio de Trabajo homologa a la baja de la inflación que no es menor al 25% anual; el 75% jubilados que gana $2150 pesos; pueblos originarios aplastados por gobernantes provinciales feudalistas; salarios por debajo de la canasta familiar; el 40% de los trabajadores en negro, multinacionales de megaminería liquidando el suelo y el ambiente; la imparable crisis habitacional con chicos, hombres y ancianos durmiendo en las calles: según el informe 2012 del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), cerca de medio millón de personas no tiene el derecho a una vivienda digna en la Ciudad de Buenos Aires.

Enuncia este mismo informe que en la actualidad las villas en la Ciudad –hoy gobernada por el empresario derechista Mauricio Macri- albergan el doble de personas que en 2001 y cuatro veces más que en 1991. Que la escasez de suelo y de unidades en las villas llevó a que cerca del 40% de la población resida en condición de inquilina y que prácticamente carezca de posibilidades de acceso al suelo y sólo lo puede hacer a través de un mercado donde la demanda es mucho mayor que la oferta.

Hablamos, por otra parte, del pago de la deuda externa ilegítima: tal como denunció el Partido Obrero (PO), el gobierno utiliza para esto, por ejemplo, los fondos de la Anses (70.000 millones de pesos en los últimos cinco años). Sólo en abril de este año, el gobierno nacional usó más de US$ 2.300 millones del Banco Central para pagar deuda externa. O sea que utilizó unos 12.650 millones pesos del BCRA para pagar una deuda ilegítima.

No son simples y frías estadísticas: la crisis económica/política es también una crisis de conciencia que se transpola en el día a día a los trabajadores, en el desarrollo de su enajenación, con laburantes que pasan a veces más 15 horas en sus empleos. Es la mirada vacía y cansada del trabajador viajando en un tren, un colectivo o un subte atiborrado. Es la angustia en todo el cuerpo que genera la estructura consumista, que coloniza los días y las noches. Es la mirada aplastada por el discurso religioso que amortigua la lucha en la vida. Es la mirada suicidada. Y no es una metáfora: es así como en España sigue la ola de suicidios de personas que no podían pagar las hipotecas de la casa. El Estado sale a los salvar a los banqueros y condena a los trabajadores.

En un texto escrito en marzo de 1965, el Che Guevara escribía: “Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que éste se percate. Sólo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. El premio se avizora en la lejanía; el camino es solitario. Es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia”.

El hombre nuevo

Es necesario en este punto de inflexión que la clase trabajadora y la juventud tomen un protagonismo histórico mediante la acción política, en esta sociedad de explotación del hombre por el hombre. Esta posición ante los hechos amerita la realización de un hombre nuevo, un revolucionario, una expansión de la conciencia. Un compromiso de lucha para terminar con la enajenación social, política y económica que nos atraviesa como un balazo. Es el despertar de hombres nuevos contra la opresión institucionalizada; es el nacer de una vanguardia que motorice una sociedad nueva, más justa, socialista, revolucionaria.

El concepto del “hombre nuevo” fue profundizado por el Che Guevara. En una charla en 1998, el dirigente del Partido Obrero y actual candidato a diputado nacional por el Frente de Izquierda de los Trabajadores, Jorge Altamira, hizo un análisis sobre este punto:

“En la lucha contra la desigualdad, contra esta burocracia, contra los planes soviéticos dirigidos a fomentar la desigualdad como un primer paso al retorno al capitalismo, el Che Guevara desarrolla una idea: la idea del hombre nuevo, es decir el hombre que no puede realizar una felicidad individual sino es colectivamente. Esto es al revés del capitalismo, donde un tipo se considera feliz si cagó a todo el mundo.

(…) Esta idea del hombre nuevo no es del Che, sino que viene de la más remota antigüedad, desde los esclavos que se rebelaban contra los esclavistas: todo gran movimiento de lucha contra la explotación desarrolló un ideal de otro tipo de hombre y mujer que fuera humanamente, moralmente, espiritualmente la antípoda de la sociedad explotadora que estaba viviendo (…).

(…) Pero ese hombre nuevo del Che tiene mucho de idealista, porque para que la sociedad produzca esos hombres nuevos su nivel de desarrollo social tiene que ser muy superior al que tenía una sociedad como Cuba, y no puede ser un desarrollo circunscripto a un país, sino que abarque por lo menos a las partes más importantes del mundo avanzado. Pero el Che no estaba equivocado, porque para construir un mundo igualitario que dé lugar a un hombre igualitario tiene que haber un hombre igualitario que luche por un mundo igualitario. Si la sociedad no desarrolla condiciones de igualdad no puede haber hombres nuevos. Tiene que haber hombres nuevos que luchen por un mundo nuevo el cual creará los hombres nuevos”.

Escribió alguien que donde empieza el amor, muere el yo, ese déspota tenebroso. He ahí una de las claves: salir de uno mismo -de la esclavitud de uno mismo-, ceder parte de nosotros, de nuestra vida, construir esa felicidad colectiva. Sacrificarnos por el sueño colectivo de un mundo mejor. Y el amor, allí, como una significación dialéctica de creación, que es vida, latido, vientre: construir así sin exigir nada a cambio, sin esperar nada, amar sin pedir nada. Nacerse. Despertar del falso sueño en que andamos. Pelear por un mundo mejor es un acto de amor y de revolución, y que, como se ha dicho, al que le indigna la opresión es un revolucionario.

Escribió el Che, otra vez: “Los dirigentes tienen que cumplir su papel de vanguardia; y, en una revolución verdadera, a la que se le da todo, de la cual no se espera ninguna retribución material, la tarea del revolucionario de vanguardia es a la vez magnífica y angustiosa. Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible”.

Un encuentro futuro

Adiós, amigo mío, adiós
tú estás en mi corazón.
Una separación predestinada
promete un encuentro futuro.

Adiós, amigo mío,
sin estrechar la mano ni palabra
no te entristezcas y ninguna
melancolía sobre las cejas

morir en esta vida no es nuevo,
pero tampoco es nuevo el vivir.

Estos versos pertenecen al poeta Serguei Esesin, escritos antes de suicidarse en diciembre de 1925. Trotsky se preguntaba al respecto un mes después: “En su último momento, ¿a quién escribió Esenin su carta de sangre? ¿Quizá llamaba de lejos a un amigo que aún no ha nacido, el hombre de un futuro que algunos preparan con sus luchas como Esenin lo preparaba con sus cantos? El poeta ha muerto porque no era de la misma naturaleza que la revolución. Pero en nombre del porvenir, la revolución le adoptará para siempre”.

Hay que luchar para hacer ese mundo: que el presente de lucha sea el resorte del futuro. Como se ha escrito, la más grande felicidad del hombre no está en el usufructo del presente, sino en la preparación del porvenir. A través de un partido y un programa político concreto, hay que organizar a la clase trabajadora y a la juventud, tomar la acción de nuestro destino histórico, pero no con palabras, no con habladurías baratas, no con teoría sin acción; hay poner el cuerpo a la palabra. Hay que transformar la vida y el hombre con un espíritu crítico, de revuelta, de liberación. No seamos espectadores de nuestra vida ni de la vida que nos rodea.

El ascenso de los trabajadores de prensa

Seamos concretos con las palabras: por ejemplo, el proceso de lucha por las paritarias de prensa escrita produjo un cuadro de ascenso histórico en el gremio de prensa, donde cada redacción eligió sus propios delegados de base y votó en asambleas todas las medidas. Luego de tres meses de plan de lucha, con tres paros generales de 24 horas, seis movilizaciones, retiros de firmas, paros parciales y asambleas, se firmó la primera paritaria de prensa escrita después de 38 años. Histórico.

A esto hay que sumarle el avance en empresas donde había sido abolida la vida gremial como en Clarín, donde a partir del año pasado, y después de una década de vacío sindical, se eligieron delegados de comisión interna y paritarios; se logró efectivizar a decenas de compañeros precarizados, después de meses de lucha, hubo asambleas de 400 compañeros, y se consiguió, entre todos los trabajadores, que la empresa reconociera a la Comisión Interna.

Estos hechos históricos en el gremio de prensa y en el movimiento obrero no solo revelan un desarrollo en la conciencia de los trabajadores -impulsada por décadas de juventudes precarizadas con una orientación de lucha-, sino que también es una interpelación directa a la burocracia mafiosa de los sindicatos. Pero sobre todo, y como un planteo de desafío político, abre la perspectiva a nuevas conquistas, a una profundización de la conciencia de clase, a la construcción de un mundo mejor.

El futuro es nuestro

En estos tiempos de lucha permanente, el arte y la poesía deben ser fuente de la vanguardia, de revuelta, de espíritu, de amor, de libertad. El surrealismo reivindicaba ese espíritu: según definió Aldo Pellegrini en la “Antología de la poesía surrealista” este movimiento fue una mística de la revuelta y de liberación contra la estructura fosilizada del sistema. Así lo expresó el escritor: “El surrealismo es esencialmente revolucionario y aspira a transformar la vida y la condición del hombre”.

El deber del poeta, dice Artaud, no es ir a encerrarse cobardemente en un texto, un libro, sino al contrario salir afuera para sacudir la conciencia pública. La ceguera institucionalizada que proclama el discurso del poder, los comisarios del mundo, destierra la libertad, la poesía, crea ciegos en la mirada. Hay que salir, romper la cárcel de la vida-ilusión, ser una trinchera de libertad, una mirada estética, revolucionaria, colectiva. Todo latido es un camino. Que sea este un camino donde las paredes del frío y del poder irán cayendo detrás de un incontable corazón.

El arte, a su vez, debe impulsar el protagonismo de los espectadores, quitarlos de esa pasividad histórica y subordinada a la condición sagrada del artista, del compositor, de las academias y del teórico del arte. Jacques Ranciére, en su libro El espectador emancipado, llama al espectador a afirmar su mirada y convertirse en un ser activo, ya que, como señaló un teórico, “cuanto más se contempla, menos se es”. Hay que ser protagonistas y dejar de contemplar. Hay que despertarse. Hay que sentir y luchar como poetas. Afirmar el latido, la libertad.

La acción de despertar implica la acción de abrir los ojos. Despertar, asimismo, es pasar de la manifestación inconsciente del sueño al estado de conciencia, en términos psicoanalíticos. Más aún, abrir los ojos es una de las expresiones biológicas al nacer. Esta acción, entonces, se presenta como un hecho iluminador y revolucionario: es despertar la conciencia, y, una vez hecho, abrir otros ojos, otras miradas. Abrir la mirada, marcar un punto histórico de quiebre contra la esclavitud planificada. La vida no es ni debe ser sueño. Abramos los ojos, el latido. Nazcamos. Nacerse. Que toda vigilia debe ser la de los ojos abiertos. Que la vida es el despertar permanente a la vida.

Peleemos todos por el derecho al pan y el derecho a la poesía.

Que es el derecho a un mundo mejor.

Que se expanda la vida.

Porque si el presente es de lucha, el futuro es nuestro.

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Publicado julio 29, 2013 por danielmecca en Ensayos

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