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Sin entrar en precisiones, habrían pasado aproximadamente 2 horas 10 minutos del vuelo 6899 Buenos Aires-Madrid, que había partido a las 21.30 del aeropuerto de Ezeiza, el 24 de julio de 2010. Lo oscuro de los pasillos dejaba alumbrar ciertos rostros dormidos iluminados por el reflejo de las pantallas que reproducían una película que, según interpretó rápidamente D., era muy mala. Su libro “Che Guevara”, una vida revolucionaria, escrito por el periodista Jon Lee Anderson, estaba detenido en la página 21, capítulo Iv, cuando el Boeing 777 de Iberia (el modelo del avión no fue debidamente chequeado) comenzó a sacudirse anormalmente.

Aquí los testimonios se confunden: K., mujer, 32 años, pánico confeso a los aviones, declaró ya en tierra firme que fueron 15 minutos de muerte cercana, de hablar con Sueiro, de funeral seguro. Según su interpretación aeronáutica -que, desde ya, es dudosa- no hay que preocuparse si el avión se sacude verticalmente, es decir de arriba hacia abajo, una turbulencia cualquiera, digamos. Pero -agregó- si además se sacude de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, de diagonal hacia arriba, de arriba hacia la diagonal derecha y de nuevo abajo y arriba y nuevamente a la izquierda -tal como sucedió, con algunas exageraciones- es probable que uno termine en una latitud desconocida al fondo del Océano Atlántico y con una turbina de sombrero. Otro testigo, esta vez un comisario de abordo español que no quiso dar su nombre, juró que en 20 años de carrera ésta era la segunda vez que vivía una situación así, que coño, que no paraba de moverse. El último testimonio que pudo recoger D. fue el de él mismo, quien, habiendo cursado unos años de Ingeniería en aviones, juraba reírse de las turbulencias. Sin embargo, el joven cronista confesó luego que su corazón quería rajarse del pecho de tanto golpe como si fuera un cuadrilátero, que quería irse corriendo de ese horrible lugar al grito pelado de ¡no me quiero morir esta noche! ¡Viva Perón, carajo!

Según reflexionó D. horas después, el miedo a la muerte es, justamente, el miedo a la vida. Pero ese miedo habla de una necesidad o de un grito de amor inasible, del deseo profundo -no siempre advertido- de querer estar vivo y de seguir engañando a la Chacarita. Como escribió Rainer María Rilke (“Cartas a un joven poeta, prólogo, editorial Errepar”): “Cuanto más nos creemos en medio de la vida, más la muerte se atreve a llorar entre nosotros”. El vuelo llegó a Madrid a las 16:00 del domingo 25 de julio, hora España. El aterrizaje fue impecable.

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Publicado diciembre 2, 2011 por danielmecca en Relatos, Viajes

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