La resistencia   Leave a comment

La comunidad qom La Primavera, de Formosa, mantiene, desde hace cinco meses, un reclamo sobre la avenida 9 de Julio por la recuperación de sus tierras ancestrales y el pedido de esclarecimiento del asesinato represivo de dos de sus miembros. Durante la última semana, los tobas cortaron parcialmente el cruce de Avenida de Mayo y 9 de Julio, mientras 15 de ellos iniciaron una huelga de hambre en el lugar, solicitando que los reciba la Presidenta. Sin embargo, el último sábado debieron levantar el corte por intimación de la Justicia, aunque continúan firmes con el reclamo y la huelga, que ya lleva siete días. Medios Lentos estuvo el cuarto día del corte en el corazón del campamento. Crónica de una noche de resistencia y frío, de lucha contra el poder, de cámaras de tv, de hambre, firmeza y derechos.

Por Daniel Mecca

Tiene un rostro intrépido, algo torpe, esmirriado. Mira hacia un lado, arriba, cerca del cielo de las siete de la noche, arriba, con los músculos tensos, flacos y su espada desenvainada y desafiante, que señala un lugar inexacto, arriba, allá, hacia donde nadie sabe. Bajo él está su caballo, con un semblante indomable, como corriendo, como lanzando un grito de furia, de dolor, de aullido contenido, de demencia tierna. El hombre que cabalga es Don Quijote, que asoma desde este monumento instalado en la intersección de la 9 de Julio y Avenida de Mayo, en plena Capital Federal. Y es justo allí, donde desde hace cinco meses la comunidad toba qom La Primavera, de Formosa, reclama por sus tierras ancestrales y por el esclarecimiento del asesinato represivo de dos miembros de la comunidad. Ahora, sin respuestas políticas, desamparados, cortaron parcialmente la avenida 9 de julio, con huelga de hambre incluida. Ellos, como el Hidalgo de la Mancha, están peleando contra esos gigantes, esos grandes y poderosos molinos de viento.

Es jueves 28 de abril. Anochece sobre la 9 de julio. El tránsito por la avenida tiene el caos de una película de Tarantino. Los carteles gigantes de los costados parecen remitir a mundos abstractos, lejanos, siempre de unos pocos: por allí está Messi, gritando un gol, con la leyenda Adidas is all in; por la vereda un transeúnte le comenta a otro: “sabés que más allá diez gatos locos pararon todo”. Voy hacia ese más allá, a unas cuadras del Obelisco, mano hacia el sur. Y más allá están los 46 miembros de la comunidad qom de Formosa, que desde hace cuatro días mantienen cortado parte del corazón vial de la ciudad, estableciendo el tema en la agenda de los medios. En ese más allá hay 15 integrantes del grupo que están en huelga de hambre. En tanto, el Gobierno nacional hace un largo silencio que fabrica complicidad. Pero juran que van resistir. Por sus derechos humanos. Por su pueblo. Resisten.

Alrededor de ellos, de sus miradas como tajos tristes, de sus carpas improvisadas, hay luz, mucha luz. Viene de los potentes faros que acompañan las cámaras de televisión, que en este momento están filmando a Félix Díaz, líder de la Comunidad, que improvisa una conferencia de prensa. Desde su voz apacible salen frases contundentes, de desesperación calma, contra esos grandes molinos de viento: “Ojalá que de aquí en adelante se cambie el rumbo de la política, que tengan corazón de humano”. “Acumulan riqueza pero eso no les salva la vida”. “Ya no queremos ser espectadores. Queremos ser partícipes de una Argentina para todos”. “Queremos defender lo que es nuestro”. “Nosotros estamos haciendo historia en este lugar”.

Los qom están haciendo historia. Alzan la voz de todos los pueblos originarios. Resisten. Contra los cuatro días de hambre. Contra el frío que suelta la noche. Contra el poder feudal del gobernador kirchnerista Gildo Insfrán –que manda Formosa desde 1995– y la familia Celía, con quienes mantienen el conflicto por las tierras ancestrales, de 1300 hectáreas, que les arrebataron el 23 de noviembre de 2010. Ese día, un desalojo represivo amparado por el Estado provincial dejó como saldo dos muertos, un aborigen (Roberto López) y un policía (Heber Falcón). Resisten contra quienes aquella vez les quemaron los DNI e incendiaron sus viviendas. También reclaman por la muerte de Mario López, de la comunidad Pilagá. Y resisten contra el Gobierno Nacional y la presidenta Cristina Fernández, quien, a pesar de los pedidos, aún no los recibe.

Un volante que entregan explica su situación con exactitud: “El 23 de noviembre del 2010 la Policía provincial de Formosa reprimió brutalmente a la Comunidad QOM NAVOGH (La Primavera) mientras reclamábamos en la ruta Nacional N°86 por nuestro derecho a la tierra. Detuvieron a 35 hermanos, entre los que se encontraban nuestros niños, mujeres y ancianos, muchos de ellos heridos de gravedad. Ante la indiferencia y complicidad de las autoridades estatales, el incendio de nuestros hogares, nuestras pertenencias y nuestra documentación, ¡BASTA YA DE ETNOCIDIO!”.

Por eso están acá, en el medio de la 9 de Julio, a más de mil kilómetros de sus casas. Están entre vallas de construcción, carteles y materiales varios que protegen y cercan el campamento. Rodeando la manifestación hay dos patrulleros estacionados que vigilan atentos todos los movimientos. Hay el caos del tránsito. Hay las ambulancias del SAME, cuyos enfermeros y médicos ingresan para tomar la presión y hablar amablemente con los aborígenes que mantienen la huelga de hambre, y que como te sentís, si estás mareado, si necesitás algo. Ellos, los que están con hambre, toman mucha agua y Gatorade. Como Eduardo, un joven morocho de ojos caídos, que está agachado en la entrada de unas de las carpas, que cuenta que le duele mucho la cabeza, que tiene los ojos colorados, que le cuesta hablar: “Se vive muy mal allá. No tuvimos respuestas de la Presidenta, pero tenemos fe”. Y no puede hablar más.

El campamento de los qom tiene decenas de carpas y algunos colchones inflables desparramados por la avenida. Sobre ellos, un amontonamiento de frazadas desteñidas. Allí están recostados algunos de los miembros de la comunidad. Otros, en cambio, caminan, hablan con periodistas o entre ellos, o con jóvenes voluntarios que ayudan con la causa y que, cuentan, no son militantes de ninguna corriente política. También están los que atienden una mesa en la cual se puede dejar una firma de apoyo. Entre 8 y 9 mil personas ya lo hicieron, según me confirman. Sobre el suelo se están empezando a encender pequeñas fogatas con maderas y trastos viejos, las cuales, cuando las cámaras de televisión se vayan, empezarán a alumbran los rostros de los que se quedan. Ese calor es el despertar de los pueblos originarios. Es su resistir.

Resistir, esa palabra que dice una y otra vez Jesús, mapuche, con su poncho norteño sobre la espalda, su cinta aborigen en la cabeza y ese cigarrillo que pita hasta que el humo se le mete pálido y profundo en su cuerpo enflaquecido. “Estamos resistiendo. Ellos son atacados políticamente y policialmente, y por eso acá no hay solo Tobas, que son nuestros hermanos, si no también mapuches. Este es el primer levantamiento de los pueblos originarios. Acá hay varias personas que están haciendo la huelga para que les devuelvan la tierra y te juro que van a dejar la vida por la causa. Este es un grito de socorro a la presidenta. Nosotros somos un pueblo pacífico; no vamos a venir con lanzas o boleadoras ni nada. Si tenemos que dejar la vida en este asfalto, y de este modo, lo vamos a hacer”.

Pero los qom no están solos. El 21 de abril pasado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos instó al Gobierno nacional a que garantice la vida y la “integridad física” de los integrantes de la comunidad La Primavera. La intervención del organismo internacional ya había sido solicitada en diciembre pasado por la Defensoría del Pueblo de la Nación y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), luego de la represión a los aborígenes. Según la solicitud, el Gobierno debe garantizar su seguridad “contra posibles amenazas, agresiones u hostigamientos por miembros de la Policía, de la fuerza pública u otros agentes estatales”, además de establecer “las medidas necesarias para el retorno de Félix Díaz y su familia en condiciones de seguridad”. Por último, exigió al Estado que informe “las acciones adoptadas a fin de investigar los hechos que dieron lugar a la adopción de medidas cautelares”.

La Iglesia, en tanto, representada por la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Buenos Aires, apoyó, a través de un comunicado, la causa de los aborígenes, y pidió “crear las condiciones de diálogo que permitan resolver esta situación, en el marco del estado de derecho, con el aporte del Gobierno nacional, provincial y de la comunidad toba”. Días atrás, distintas agrupaciones políticas se acercaron al lugar en solidaridad con los tobas y cortaron el cruce de las avenidas. “Con este corte solo nos provocan más daño. Así le dan argumentos al Gobierno para seguir desoyendo nuestros reclamos”, declaró Félix Díaz, según reprodujo el diario Clarín.

Por otra parte, el 15 de abril pasado se entregó una carta a la Presidenta firmada por 38 diputados y tres senadores, solicitando que reciba a los miembros de la comunidad. Son diputados de los bloques Proyecto Sur, UCR, GEN, el Socialismo, la Coalición Cívica, el Movimiento Popular Neuquino. A mediados de febrero pasado, según un informe publicado por el medio periodístico lavaca, organismos de derechos humanos entregaron distintas notas dirigidas a la Presidenta de la Nación, al Gobernador de la provincia de Formosa, a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, a la Ministra de Seguridad, a la Ministra de Acción Social, a la Administración General de Parques Nacionales y al INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas).

Nadie respondió.

Son cerca de las diez de la noche. El campamento mantiene un murmullo de incertidumbre, de calma de estar cansado, de equipo que está unido, de resistencia a pesar de todo. Ya no hay cámaras. La última fue la del movilero Julio Bazán que se marchó hace rato. Ahora ya no hay tantas luces. El fuego hecho con la madera sigue encendido y seguirá hasta que me vaya. Pero todavía es ahora y allá en el fondo, lejos del fuego, como escondida, está Clementina, también toba, también formoseña. Ella tiene, como la mayoría de aquí, una mirada caída pero profunda. Es como esos acantilados que, al llegar a ellos, dejan ver la inmensidad del mar. Así ella, con su mirada de acantilado y de mar.

Así ella que cuenta que le pegaron aquel 30 de noviembre, el día de la represión en Formosa; que le pegaron ahí, ahí, como me señala, en la cadera y en la pierna izquierda y que ahora no puede caminar ni cinco metros. Lo dice con esos ojos negros (acantilado, mar), con el mate en la mano y esa piel curtida de tanto trabajo y sol. Y dice que entraron con caballos y policías y que les dieron. Dice que dejó allá a sus hijos, que son muchos, con el marido. Que se vino hace 5 meses para Buenos Aires. Que necesita por favor frazadas, agua y gatorade para los que hacen huelga de hambre, y jabón en polvo para lavar la ropa.

Termina el cuarto día de la huelga de hambre. Otro día de silencio oficial, y la Presidenta que no los recibe. Muchos empiezan a entrar en las carpas. Otros se quedan ahí, sentados, alrededor del fuego, charlando de cualquier cosa, o fuman, o toman mate. Y esperan. Resisten. Reclaman. O todo eso a la vez. Y detrás de ellos, allá arriba, el Monumento al Quijote, y otra vez el rostro intrépido, esmirriado, y otra vez la lucha compartida contra los molinos de viento, esos gigantes del poder, contra esas aspas que voltean impunemente a los más pequeños. Pero ahí, en el detalle, clavada desde hace cinco meses en la espada del hidalgo, está firme la bandera de los pueblos originarios, que flamea literalmente en el medio de la 9 de julio, que hace historia, y jura –lo jura en los rostros, en las palabras, en sus derechos- no detenerse.

(Al cierre de esta edición, la comunidad formoseña qom -que el 30 de abril se vio obligada a levantar el corte en la 9 de julio por orden de efectivos de la Comisaría 4ª de la Policía Federal que tenían una “intimación de desalojo”- continuaba con la huelga de hambre, el reclamo de sus tierras y el pedido de esclarecimiento de los asesinatos represivos de dos miembros de la comunidad. El lunes 2 de mayo y luego de 8 días de acampe, el ministro del Interior Florencio Randazzo recibió al cacique Qom Roberto López en la Casa Rosada).

(Nota publicada en Medios Lentos: http://www.medioslentos.com/2011/05/la-resistencia/)
FotografíaCarolina Amengual

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Publicado mayo 30, 2011 por danielmecca en Notas en la prensa

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