Ni locos ni colifas: artistas*   Leave a comment

A través de sus once talleres, el Frente funciona desde 1984 como una embajada artística dentro del Hospital psiquiátrico, con cuyas autoridades se mantienen enfrentados por la desmanicomiliación y las violaciones internas a los derechos humanos, además de cuestionar el imaginario social de la locura. Medios Lentos visitó el corazón del Borda y a sus artistas, quienes, entre el oscuro ambiente del Hospital, luchan desde la trinchera artística para volver a sentirse vivos.

La vereda de Ramón Carrillo al 300, en el barrio porteño de Barracas, marcha al mediodía como una pequeña ciudad: cartoneros, vendedores ambulantes, gente que espera el colectivo y otra que pide para comer, además de perros callejeros,  jóvenes estudiantes de psicología y hombres que hablan solos mientras caminan. Sin embargo, esta vorágine social contiene un punto de encuentro que confluye en las anchas puertas de un solo y temido lugar: el Hospital de Salud Mental José T. Borda. 

El imaginario social es contundente y se traduce en diversos nombres: el Borda es un loquero, un manicomio, el lugar de los colifas, de los loquitos, de los chiflados. Contra eso, contra el grave prejuicio de la sociedad  y a favor de la desmanicomialización –es decir a favor del cierre de los manicomios- es que lucha  incansablemente desde hace más de 25 años el Frente de Artistas del Borda (FAB), fundado y dirigido por Alberto Sava, quien también es artista y psicólogo social.

“El arte les permite a los internos entrar en un proyecto de vida, a diferencia del Borda que, por lógica manicomial, se convierte en un proyecto de muerte para ellos”, sentencia Alberto Sava entrevistado por Medios Lentos, además de marcar las diferencias que mantiene con las autoridades del Hospital. Y amplía: “El manicomio te va anulando las pasiones, el deseo, la voluntad, la sociabilidad. Nosotros, desde los talleres de arte, intentamos recuperar todo eso a partir de que se presenten sus obras fuera del Hospital. Es pasar de lo siniestro a lo maravilloso”. (Ver entrevista aparte).

De este modo, el FAB, que está compuesto por  internados, externados y ambulatorios, además de artistas, psicólogos y estudiantes avanzados, “produce arte que trasciende los muros y  cuestiona el imaginario social de la locura”, según explican los responsables. Es decir, nada de loquitos, de colifas, de manicomio.

El único galpón que pertenece al FAB, donde se dictan los trece talleres del Frente –nueve de ellos artísticos, más el de periodismo y desmanicomialización- está ubicado en el corazón del Borda, rodeado de pabellones en donde hay más de mil internos asistidos. A uno de sus costados se ve de fondo una suerte de penitenciaria del Borda, mientras al otro se vislumbra el Hospital de Salud Mental Braulio Moyano.

Para llegar a este galpón -una suerte de “embajada” dentro del instituto, según la define Alberto Sava- hay que atravesar largos pasillos del Hospital que dan a oscuras puertas cerradas y, finalmente, cruzar las calles internas de esta pequeña metrópoli, la cual contiene breves espacios verdes y hasta señalización del nombre de las calles.

Según reza uno de sus pilares, el FAB, que surge a fines del año 1984 en plena democracia, se fundó con el objetivo de producir arte “como herramienta de denuncia y transformación social desde artistas internados y externados en el Hospital Borda”. Dejando de lado las palabras, son estos mismos pacientes –a quienes aquí se los llama “talleristas”-los que reciben a este cronista en esta suerte de galpón, mientras cumplen con su taller de Plástica como cada miércoles de 13 a 15 horas. Son alrededor de 20. Cabe aclarar que dichos talleres son abiertos y gratuitos para cualquier persona, sea internado o externado.

“Acá no hay enfermos. Acá hay artistas. Todo lo que tenga que ver con la terapia queda afuera. Esto no es arte-terapia. Es arte puro”, aclara desde un comienzo Carlos Moretti, coordinador del taller de Plástica. Y ratifica: “esto es un frente de artistas encaminado a que la obra se exhiba fuera del Hospital”, y que, por lo tanto, “este lugar es la cocina y lo que sale de adentro no es para el Hospital, sino para afuera, porque la intención es que con la obra salgan los autores y quede modificado el siniestro imaginario social que hay respecto a la enfermedad mental”.

La “cocina” del Frente de Artistas -cuyos talleres funcionan con un equipo integrado por un coordinador artístico, uno psicológico y uno o más colaboradores- contiene atriles, telas y máquinas de escribir abandonadas. También hay maniquís rotos, pinceles, una mesa alargada y principal, viejos trabajos apilados donde se mezclan los colores, un grafiti en letras rojas y una vieja bandera contestataria del Frente perdida por el techo de chapa, que lleva el lema “¡Arte, lucha y resistencia!”. Pero sobre todo contiene personas. Personas e historias.

Como es el caso de “J.J” quien está pintado una nueva obra sobre acrílico en una de las telas. Allí está él, utilizando una paleta de colores primarios y secundarios y supervisado por Andrea, una de los colaboradoras del taller.  “El arte para mi es liberación”, dice “J.J” mientras posa para la foto con una sonrisa tímida, escondida. “Sí, expresión, libertad –repite y sigue-: Acá es muy difícil que veas gente gritando porque están concentrados en lo suyo, contenidos, como en un recreo del alma”, agrega el tallerista que está internado en el Borda desde el “noventa y pico”.

Pero también está el tallerista Gustavo, en posición pensante sobre su cuadro, como hundido en el arte. “No sabés cómo pinta este pibe, no sabés los cuadros que tiene. Bah, qué digo, si los estás mirando”, dice un coordinador al pasar. Efectivamente, la pintura de Gustavo –una suerte de mirada de mujer inmiscuida en un paisaje surrealista- es delicada y profunda. “¿Qué significa el arte para mí? No sé… De chiquito me enseñaron a dibujar y me gusta hacerlo, me siento bien”, explica el artista tímidamente, algo nervioso. Según uno de los coordinadores: “éste es un ejemplo de los problemas que existen. Este muchacho pinta extraordinariamente pero se niega a sí mismo”.

Por eso los coordinadores –que al igual que los colaboradores trabajan ad honorem- explican que lo que primero hay que lograr es que ellos se revaloricen, viendo que son capaces, que digan ‘yo soy capaz de eso, de realizar esa obra, esa pintura’. Y profundizan: “El ámbito hospitalario los tira abajo anímicamente, le ponen en la cabeza el ‘sos un desastre, estás enfermo y apartado de la sociedad, no servís para nada’. Y es mentira, ya que a través de esto nosotros  primero logramos la auto revalorización y luego la revalorización de la sociedad que, cuando ve que el paciente es capaz de hacer una obra, dice: ´Caramba, tuvo un problema pero mirá de lo que es capaz’ ”.

Y el FAB ya fue capaz de realizar más de 3.000 presentaciones artísticas y culturales en todo el país, además der ser el creador del Festival y Congreso Latinoamericano de Artistas Internados y Externados de Hospitales Psiquiátricos, de la Red Argentina de Arte y Salud Mental, entre muchas otras, con  premios nacionales y reconocimiento internacional.

El resto de los talleristas, unas diez personas, está sentado en la mesa principal, pintando o escribiendo, dialogando entre ellos o con la mirada perdida, siempre con sus paletas de colores y sus lápices. Sus rasgos son felices. Al fondo se ve a un hombre solo, unos 70 años, con la cabeza gacha, en posición triste, lejano.  Hay otros que no son pacientes, sino gente en situación de calle que viene al taller en busca de compañía y contención, para luego irse. Según advierte Oscar, otro de los coordinadores, éste es un importante fenómeno social reciente. También pasa otro hombre, unos 45 años, diciendo cosas delirantes y surrealistas como que “no es recomendable comer cabezas humanas”.

Al respecto, Moretti aclara: “aquí hay de todo, como este muchacho que viste y que no es del taller, sino que viene de visita: hay gente que puede ser recuperada y hay otros con patología irreversibles, desgraciadamente. Nosotros no negamos la existencia de la enfermedad mental, lo que sí  negamos es que haya que seguir manejándola como ha sido hasta ahora, como un manicomio que es más una cárcel que un hospital”.

Por su parte, Teresa Arce, otras de las colaboradoras del taller y quien además es psicóloga, da su punto de vista: “El taller está atravesado por todas las sensaciones que implica estar en un lugar de encierro, de marginación y de exclusión, y no involucra solo a los que están internados. El grupo trabaja desde las posibilidades de cada uno y se potencian. Yo integro este colectivo porque nos juntamos a transformarnos, a intervenirnos, a involucrarnos y a pensar”.

Sin embargo, de la enfermedad mental se suele pasar directamente a la enfermedad social. Así lo explican los responsables del taller: “La gente que viene al taller está estabilizada y no en crisis. Pero dentro del hospital hay mucha gente que desde el punto de vista terapéutico ya está dada de alta, por lo que han dejado  de ser casos psicológicos o psiquiátricos y se convierten en casos sociales ya que permanecen en el Hospital porque no tienen una casa, porque hay una sociedad que no los contiene, una familia que desapareció y un Estado que no se preocupa”.

Se hacen las tres de la tarde y el taller comienza a vaciarse como el despertar de un sueño. Los artistas van saliendo, mientras que algunos se quedan abstraídos y trabajando frente a sus telas. También se queda Carlos Morretti, quien a último momento confiesa que él también fue interno del Borda allá hace muchos años, deshaciéndose en palabras por el Frente: “A mí no me sacó de acá ningún psicólogo ni ningún psiquiatra. A mi me sacó el Frente, ya que los profesionales hicieron informes y dieron opiniones en algún momento, pero las condiciones mías para que ellos dijeran que yo podía salir me las había dado el FAB”.

Afuera, en la calle, en la vereda de Ramón Carrillo, las cosas parecen seguir igual. Adentro, entre esos muros como cárceles de la mente, dentro de ese pequeño galpón perdido, laten obras de artistas, siendo el arte el mejor psicofármaco.  Pero sobre todo laten personas  que, como pueden, sea a través de un pintura o canción, pelean cada día para pasar de lo siniestro a la maravilloso. De la muerte a la vida.

Por Daniel Mecca
*Crónica publicada en el portal http://www.medioslentos.com/, octubre de 2010 

Para los interesados, el Frente de Artistas del Borda dictan los siguientes talleres: Teatro, Marionetas, Música, Mimo, Teatro Participativo, Expresión Corporal-Danza, Plástica, Letras, Periodismo y Fotografía, y el teórico de Desmanicomialización. Los mismos son libres y gratuitos para cualquier persona, internada o externada. Para más información ingresar a http://www.frentedeartistas.com.ar/, frentedeartistasdelborda.blogspot.com , frentedeartistasdelborda@hotmail.com

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Publicado octubre 27, 2010 por danielmecca en Notas en la prensa

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