Como en un espejo   Leave a comment

-Papá… Tengo miedo, papá. Al agarrar a Karin en el barco la realidad se ha agrietado, ¿sabes?
-Sí.
-La realidad se ha agrietado y me he caído. Es como en los sueños. Todo es posible. ¡Todo!
-Lo sé.
-No viviré en este mundo nuevo.
-Sí. Sí puedes. Debes agarrarte a algo.
-¿A qué? ¿A Dios? Demuéstrame que existe. No puedes.
-Sí. Pero debes escuchar bien.
-Sí, debo escuchar.
-Sólo puedo darte un indicio de mi esperanza. Es saber que el amor existe en el mundo.
-¿Un tipo especial de amor?
-De todo tipo: el más grande y el más bajo. De todo tipo.
-¿El anhelo de amar?
-El anhelo y la negación. La duda y la fe.
-¿El amor demuestra que Dios existe?
-No sé si el amor es la prueba o si es Dios.
-Para ti, ¿el amor y Dios son lo mismo?
-Apoyo mi vacío en ese pensamiento.
-Cuéntame más, papá.
-El vacío se vuelve abundancia. La desesperanza, vida. Es como un indulto de una pena de muerte.
-Papá, si es como tu dices, Dios rodea a Karin porque la queremos. ¿Podría eso ayudarla?
-Creo que sí.
-Papá, ¿te importa si voy a correr?

Escena final de Como en un espejo, de Ingmar Bergman (1961)

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Publicado octubre 7, 2010 por danielmecca en Literatura

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