"El manicomio es un campo de concentración   Leave a comment

En el marco de la vistita al Frente de Artistas del Borda, Medios Lentos entrevistó a Alberto Sava, fundador y director de este movimiento, además de ser artista y psicólogo social. “El arte los pone en un nuevo proyecto de vida, a diferencia del Borda que, por la lógica manicomial, se convierte en un proyecto de muerte”, cuestiona el responsable máximo de los talleres. Al mismo tiempo, reflexionó sobre los conflictos con el Hospital, la relación entre arte y locura y la diferenciación en torno al polémico proyecto de desmanicomialización del macrismo.

Por Daniel Mecca

-¿Con qué objetivo y en qué momento se funda el Centro de Artistas del Borda?
-Empezamos en 1984 a partir de una especie de ola de desmanicomialización que había en el mundo, y que se inicia en Italia en la década del ‘70 con el cierre del primer manicomio a nivel mundial, donde el Estado garantizó un dispositivo de la atención al sufrimiento mental no sólo con una mirada médica, sino con una mirada comunitaria. Esa experiencia intentó trasladarse a la Argentina con el primer gobierno democrático después de la dictadura, y se hizo la experiencia piloto en tres lugares: una en Río Negro, otra en Córdoba y la restante en el Borda. A pesar de aquí, en el Borda, no se cerró ningún manicomio, como sí sucedió en Río Negro, en ese intento de realizar este proyecto las autoridades del hospital de aquel entonces convocaron en el ‘84 a diversas personas que se alineaban a esta idea desmanicomializadora, invitando a jóvenes psiquiatras, psicólogos, asistentes sociales y me invitaron a mí que también era psicólogo social y venía del arte (del teatro y del mimo), siendo que además estaba haciendo teatro callejero. Entonces me dicen: “Ya que tenés experiencia en sacar el teatro a la calle, ahora que se puede vamos a sacar ‘los locos’ a la calle”. Entonces, junto con una psicóloga y una estudiante de psicología, les proponemos crear un grupo de artistas, pero no para hacer arte-terapia, porque esto sería utilizar una técnica artística para que le sirva al profesional a hacer una dirección de la cura. Nuestra idea era y es hacer arte.

– ¿Cómo funciona este proceso artístico en el paciente?
-La intención es formarlos como artistas para que puedan entrar en un proceso creador y así aprender la técnica y los conceptos de cualquier disciplina artística. Luego esa producción se muestra fuera del hospital como lo hace cualquier artista. Nosotros pensamos que en ese proceso creador se produce el efecto desamanicomializador, ya que en general el manicomio es un campo de concentración; acá se violentan la mayoría de los derechos humanos. Sólo hay que ver cómo viven los pacientes, cómo comen, cómo se visten, lo sobre-medicados que están, la falta de libertad, el maltrato psíquico y físico; todo eso son violaciones de los derechos humanos. Entonces el manicomio te va socavando diariamente las capacidades que tenemos como personas, que son la capacidad de pensar, de sentir. Y una persona es un sujeto en la medida que tenga estas capacidades, por lo cual, si las va perdiendo, deja de ser persona y se convierte en un objeto, o, tal como dicen los pacientes, en un ladrillo más del hospital cuando son muchos años de internación. Acá en el Borda el promedio de internación, en este momento, es de 13 años, es decir que hay pacientes que pueden tener 10 ó 15 días, y hay otros de 25 a 30 años de internación. Una barbaridad. El manicomio te va anulando las pasiones, el deseo, la voluntad, la sociabilidad. Nosotros, desde los talleres de arte, intentamos recuperar todo eso a partir de que se presenten sus obras fuera del hospital. Ese proceso es lo que decimos que produce este primer efecto subjetivo, ese paso de objeto a sujeto, de una situación siniestra a maravillosa, lo cual hace que se vuelven a sentir que son personas. Luego, cuando sale la producción artística del hospital, también sale el paciente, que por su propia producción, texto teatral o poesía, puede denunciar lo que le pasa dentro del Hospital, ya que, como somos artistas, somos convocados a veces por la prensa y la idea es que tengamos una actitud contestataria frente la institución. Eso que se escucha y se lee afuera, rebota inevitablemente hacia dentro del Hospital.

-Respecto a este punto que menciona, como así también a su lucha contra el manicomio, se puede advertir una dura fricción entre el Frente y las autoridades del Hospital. ¿Cómo sobrellevan este asunto? ¿Cómo funciona la convivencia?
-El Frente de Artistas no pertenece al Borda. Nosotros trabajamos en el Borda pero no somos parte de su estructura legal, ni somos un servicio del Hospital; no existimos, no tenemos presupuesto ni rentas: el hospital no nos da nada. Estamos aceptados de hecho, no de derecho. ¿Por qué estamos aceptados? Porque en un principio, durante los dos o tres primeros años, hubo una intención de legalizar al FAB, pero luego hubo un retroceso y el Frente quedó instalado de hecho pero nunca se lo declaró legal. Por lo tanto no tenemos derecho a pedir nada. Entonces hay una aceptación hasta hipócrita por parte de la institución; no nos prohíbe ni nos censura, pero no nos avala ni nos ayuda y eso se debe a que el Frente de Artistas, al salir fuera del hospital y ganar un gran crédito y rédito externo, nos dio una posición de prestigio y de cierto poder que hace que seamos como intocables para la institución. Por lo cual, hay una lucha de contradicción permanente de apretar y aflojar, pero no nos pueden prohibir porque estamos en Estado de derecho, porque prohibirnos o censurarnos o expulsarnos sería como un escándalo nacional. Esa convivencia es hipócrita, pero estamos trabajando en la panza del monstruo.

-Hay una idea en el imaginario colectivo de la sociedad de relacionar al artista y la locura con personajes como Van Gogh o Antonin Artaud, pero imagino que difiere un poco de esa escena. ¿Cuál es la realidad entre paciente, locura y arte?
-Yo creo que no hay relación entre la locura y el arte. Van Gogh, Alejandra Pizarnik y todos los artistas que uno puede conocer no crearon sus obras de arte en pleno brote psiquiátrico. Sucede que el imaginario colectivo cree que uno es loco toda la vida y siempre será loco. Y no es así. Hay una crisis que dura un tiempo de acuerdo al tratamiento, que en general se calcula en una semana o 10 días, pero se lo nivela y se lo saca de esa crisis. En ese período nadie puede crear. Entonces, tanto Van Gogh como Artaud o todos estos grandes genios del arte, han creado en momentos de lucidez -si bien eran personas que tenían problemas mentales-, pero la mayoría de su vida estuvieron conscientes de lo que hacían salvo en determinados momentos, en plena crisis. Es como aquel infartado del corazón: vos no le podés pedir en pleno infarto del corazón que haga una obra de teatro o juegue al fútbol. Es imposible hacerlo. Una vez que supera la crisis entra en una meseta que le permite nuevamente desarrollar sus capacidades creadoras. Esa sería la única diferencia. Además, todos estos genios eran artistas antes de volverse locos. Lo que sí les puede haber servido es que hayan tocado un punto del dolor y que esa experiencia de vida la hayan volcado a su producción artística, lo cual les puede dar un nivel de producción que a lo mejor un artista común, que no tocó ese punto, lo pueda expresar. Pero no hay relación entre arte y locura. Un artista genial puede ser de cualquier manera, haya pasado o no por un estado de locura. Esto lo dijo una vez una poeta: ningún artista produjo en pleno brote psiquiátrico o en pleno despliegue de locura; lo hace antes o después pero nunca en pleno brote, si no en los momentos de lucidez.

-¿Qué significa el arte para los pacientes?
-Yo creo que el arte es volver a ser persona, volver a ser un sujeto que puede producir cambios para sí y para los demás. El arte le vuelve la sensación de que puede volver a pensar, sentir y vincularse con otros. En resumen, el arte los pone en un nuevo proyecto de vida, a diferencia del Borda que, por la lógica manicomial, se convierte en un proyecto de muerte. Nosotros hemos visto morir compañeros con muchos años de internación, porque hay un desamparo, un descuido, un abandono de persona y eso genera angustia, tristeza y un malestar tan profundo que no se soporta, y es como una especie de agonía donde uno va sintiendo que es un ente, un objeto y donde no hay estímulos de ningún tipo. Y el arte es todo lo contrario. Como creo que dijo Artaud: es pasar de una situación de lo siniestro a algo maravilloso. De la muerte a la vida. El arte te recupera como persona, como sujeto y no es poca cosa.

-En cuanto al paciente que estuvo internado y se recuperó a través del arte. ¿Lleva una marca en la sociedad por haber sido un interno del Borda?
-Sí, claro. Incluso, cuando se planteó el nombre del Frente, que fue en el año ‘84, surgió esta idea de enfrentar la realidad, ir al frente y eso gustó mucho, en tanto que lo de artista es porque queremos y quieren ser artistas. La que era complicada y cuestionada era la palabra Borda porque, decíamos, si nos exponemos como artistas y somos del Borda después no vamos a conseguir trabajo; pero hubo y hay una actitud militante, que es la de romper con ese imaginario colectivo que hay respecto a esa palabra. “Vamos a hacer los revolucionarios del Borda”, decían en ese momento. Pero, indudablemente, hay un tabú que los deja marcados, señalados. Sin embargo, en la medida en que salgamos y se presenten buenos espectáculos, de calidad, se va a derrumbar ese mito que hay respecto a la palabra “loco”. Aunque, en tanto exista el manicomio y no haya una información social de lo que es una enfermedad mental (que uno no está loco siempre, que no está trepando las paredes toda la vida, sino que es una crisis en un determinado momento), yo creo que no se va a modificar ese mito, porque el manicomio exacerba esa imagen de la locura.

-A pesar de que no reciben una ayuda de las autoridades del Hospital, ¿reciben subsidio de algún organismo?
-Sí. Antes quisiera aclara que nosotros, como FAB, conformamos una cooperativa de trabajo. Todo lo que hacemos tratamos de venderlo, como lo hace cualquier artista. Cuando mostramos un espectáculo tenemos tres alternativas: o nos pagan un cachet, o vamos a porcentaje con la gente del teatro o pasamos la gorra; de eso que se cobra, el 80 por ciento va a los talleristas que actúan (N del R: se lo llama tallerista al paciente), un 10 por ciento queda para el taller y el resto en un fondo común del Frente. Por otra parte, como no pertenecemos al Hospital, no podíamos pedir subsidios desde el mismo. Entonces se nos ocurrió armar una fundación donde pedimos subsidios en general a organismos del Estado, pero no a las empresas privadas, ya que creemos que en la medida que le pidamos a éstas o a los laboratorios pueden limitar nuestra acción y nuestro pensamiento. Entonces pedimos subsidios puntuales, porque es la única manera de subsistir ya que el hospital no nos da nada. Por ejemplo, “Madres” fue uno de los organismos de derechos humanos que siempre nos apoyó concretamente. De hecho, participamos siempre en los encuentros de Derechos Humanos y Salud Mental, editó nuestro primer libro, y tenemos un programa en la radio en su emisora. (“Comió Maní” se emite todos los sábados a las 22 horas por “La Voz de las Madres”, AM 530). De todos modos, aclaro que no pertenecemos a “Madres” ni no somos parte de su estructura, pero siempre nos ayudan y son muy solidarios para con nosotros.

-Durante los últimos años hubo una polémica en torno al gobierno de Mauricio Macri y la idea de cerrar el Moyano y el Borda. ¿Qué posición tomó el Frente? ¿Los afectó en algún punto ese conflicto?
-Nosotros intentamos mostrar una diferencia, porque creemos que el Gobierno de (el jefe de Gobierno Mauricio) Macri no quiere hacer un proceso de desmanicomialización. Él quiere llevar a cabo un viejo proyecto que ya tenía de la época de (el ex presidente Fernando) De la Rúa, cuando crearon la Corporación Buenos Aires Sur, que implicaba no solo anular estos edificios sino la cárcel de Caseros, el hospital Muñiz, para crear así todo un corredor sur de Puerto Madero con esas torres lujosas y modernizar todo esta zona de Barracas, Constitución y la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires. Por lo cual, su proyecto de desmanicomialización constaba en tirar esto abajo y crear diez manicomios modernos en la Capital Federal, con 17 casas de medio camino, lo cual no tiene sentido ya desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) se habla de que los manicomios no deben existir y que son los hospitales generales los que deben atender el sufrimiento mental. Macri lo que hace es usar a su favor este concepto, tal como hace la derecha que a veces utiliza consignas de la izquierda para sus propios intereses que nunca son a favor de la gente, sino para interese económicos de las corporaciones que se alinean a ese pensamiento neoliberal. Por eso siempre quisimos esclarecer esto y diferenciarnos, denunciando que el proyecto de Macri de desmanicomialización es un proyecto trampa que usa esta consigna progresista para sus intereses económicos. El manicomio es un gran negocio para mucha gente. Sin bien el Borda es un organismo del Estado, está todo concesionado a empresas privadas: la comida, la seguridad, la limpieza, los laboratorios, es todo privado y a ellos les interesa que esto siga existiendo. Así que nosotros estamos en contra de esta lógica manicomial ayornada que pretende Macri y también de la vieja lógica manicomial que es esto que estamos viviendo.

(Nota publicada en  Medios Lentos: http://www.medioslentos.com/2010/09/%E2%80%9Cel-manicomio-es-un-campo-de-concentracion%E2%80%9D/)

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Publicado septiembre 29, 2010 por danielmecca en Notas en la prensa

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