Carta al padre   Leave a comment


“En aquel entonces, y sólo en aquel entonces, me hubiera sido necesario el estímulo. Si tu sola presencia física ya me aplastaba… Recuerdo, por ejemplo, cuando nos desvestíamos juntos en una casilla. Yo flaco, débil, enjuto; tú, fuerte, grande, ancho. Ya en la casilla me sentía miserable, y no sólo frente a ti, sino ante el mundo entero,porque tú eras para mí la medida de todas las cosas. Pero después salíamos de la Casilla e íbamos entre la gente, yo tomado de tu mano, un esqueleto pequeño, vacilante, descalzo sobre las tablas, temeroso del agua, incapaz de imitar tus movimientos para nadar que, con la mejor intención, pero en realidad para mi vergüenza profunda, tú repetías constantemente para enseñarme. Yo me sentía entonces completamente desesperado, y todas mis experiencias desalentadoras en otros terrenos coincidían a la perfección en ese momento. Me sentía mejor cuando te desvestías primero y me quedaba solo en la casilla, postergando la vergüenza de la presentación en público hasta que, finalmente, venías a buscarme y me sacabas de allí. Yo te estaba agradecido porque no parecías advertir mi angustia y también estaba orgulloso por el cuerpo de mi padre. Por lo demás, esta diferencia subsiste todavía hoy entre nosotros”.

Franz Kakfa, Fragmento de Carta al padre, 1919

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Publicado junio 10, 2010 por danielmecca en Literatura

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